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Relato: Naufragos. Yo y una diosa MILF, sólos en una isla.

Relato: Naufragos. Yo y una diosa MILF, sólos en una isla.

  Me llamo Martin, y tengo 20 años. Desde que conocí a Ángeles, una amiga de mis padres, he tenido esta fantasía con ella. La conocí cuando la invitaron a ir con nosotros a la playa y allá la vi usar un pequeño bikini. Su escultural figura no se me olvidará nunca. No está nada mal para tener unos 40 y tantos y tiene un hijo como de 11 años, así que cae en la categoría MILF, y además es madre soltera por lo que tengo entendido, se nota que le gusta la vida loca, le da a la bebida y a los revolcones.

Mi fantasía es esta:

Por extrañas circunstancias ella y yo naufragamos y estamos solos los dos en una pequeña isla desierta. No tenemos nada, ni herramientas, ni comida, ni ropa. Lo único que traemos puesto es nuestro traje de baño, ella aquel pequeño bikini con el que la vi en la playa.
Nos las arreglamos para sobrevivir en la isla durante días, conseguimos comida, hacemos fogatas en la noche con la madera de los árboles, en fin, todo lo básico. Y empezamos a conocernos y relacionarnos más con nuestras pláticas a lo largo de los días mientras esperamos que alguien llegue a rescatarnos.

Pasan los días y por supuesto ambos tenemos necesidades carnales. Ella se mete al mar a darse un baño y yo la observo desde la orilla, acostado en la arena. Al verla mojada y con ese sensual bikini no puedo resistirlo más. Dejo de lado todos mis modales, me saco mi pene bien erecto y empiezo a masturbarme mientras la veo bañarse en el mar. Es entonces que ella se da vuelta y me ve y yo me apresuro a esconder a mi "amiguito". Aun así se percata y en ella nacen también los deseos de un hombre en medio de aquella solitaria isla. Así que mientras me sonríe se desata el top de su bikini y se lo quita, revelándome esos enormes senos morenos y bien formados. Sale del mar acercándose a mí sin pena, sus senos rebotan con cada paso que da y se acuesta junto a mí en la arena.
- ¿Por qué lo escondiste? -, me pregunta. -¡Sácalo! Quiero verte.
No puedo resistirme a su petición, así que vuelvo a desenfundar a mi "amiguito" y empiezo a masturbarme de nuevo mientras ella me observa a mi lado.
No aparto la mirada de sus suculentos senos, me encanta.
- ¿Te gustan mis pechos? Vamos, tócalos -, me dice.
No pierdo tiempo y con mi otra mano se lo aprieto y se lo acaricio por todas partes. Luego me voy al pezón y lo retuerzo un poco. No resisto más, quiero probarlos también, así que me le pongo encima y se los chupo, lamo y muerdo con pasión. Tiene un sabor salado, no sólo el de su piel, si no del mar. A ella le encanta. Luego de un rato me pregunta.
- ¿Le has hecho sexo oral a una mujer?
No me da tiempo de responder, pues rápido me sujeta la cabeza y me empuja hacia abajo.
- Si me lo haces, ten por seguro que te regresaré el favor.
Desato los lazos de la parte baja de su bikini y me encuentro con su altar, esa zona íntima, poblada por un poco de vello púbico. Imagino que se lo depila, pero por los días que llevamos en la isla ha crecido un poco.
Hago todo mi esfuerzo por hacerle el mejor oral de su vida. Ella gime de placer y me jala el cabello mientras se retuerce y me pide que siga así.
Luego de un tiempo, me detiene.
- Ponte de pie. Es tu turno, -, me dice lamiéndose los labios.

Nos ponemos de pie y ella me sujeta de la mano y me lleva hacia el mar. Nos adentramos hasta que el agua pasa de nuestros tobillos.
- Aquí. Que el mar sea testigo de nuestro pecado y lo limpie. -, me dice.
Se arrodilla y primero me masturba con sus manos. Luego me lame suavemente la punta del glande. Por debajo, por encima, se asegura de cubrir todo. Finalmente lo introduce hasta su garganta. Mientras me lo chupa yo veo de nuevo sus enormes senos colgando y los acaricio con mis manos, y veo cómo el mar va y viene mojando su zona íntima. Eso me excita por alguna razón.

Se pone de pié, vuelve a tomarme de la mano y me regresa a la arena.
- Necesitamos de un terreno más estable para esto -, y entonces me empuja.
Caigo de espaldas y ella se abalanza sobre mí. Inserta mi pene en su vagina lentamente y ambos disfrutamos de esos hermosos segundos.
Una vez dentro hasta el fondo me acaricia el pecho, me ve con lujuria y empieza a cabalgarme con fuerza y rapidez. Nuestros cuerpos mojados por agua salada y por nuestros jugos hacen un gran ruido con cada rebote entre ellos.
Sus senos rebotando frente a mí me hipnotizan y nuevamente los tomo y los estrujo. Me levanto y se los chupo otra vez.
Ella se levanta y se pone en cuatro frente a mí. Ese hermoso y bien firme trasero levantado me llama, yo me acerco y vuelvo a metérsela hasta el fondo. Pongo mis manos en sus sensuales caderas y la penetro con fuerza y rapidez. Siento mis testículos columpiarse y golpear su vulva mientras la penetro. Luego de un rato siento que me vengo y me aterro pensando que si lo hago adentro de ella pueda ocurrir un accidente. Le tomo los hombros y la levanto, dejándola arrodillada.
- ¡Date vuelta! -, le ordeno.
Lo hace, yo saco mi pene y me pongo de pie. Me acerco a ella y pongo mi pene entre aquellos dos preciosos melones y lo aprieto con ellos. Me masturbo con sus grandes, suaves y cálidos senos.
- ¡Vaya, sí que sabes cosas! -, me halaga.
- ¡Aquí viene!
Mi semen sale disparado sobre su cuello con fuerza, chorros y chorros que llevaban acumulados todos esos días, y escurre hacia sus pechos y por su canalillo.
- Mmmm, está caliente -, me dice.
Ella limpia un poco de mi semen de uno de sus senos con su dedo y lo chupa.
- Y también está delicioso. Ahora voy a necesitar otro baño, y tú también. Ven, acompáñame.
Se pone de pie, me toma la mano una vez más y juntos caminamos hacia el mar.

Tiempo después seríamos rescatados y regresaríamos a nuestras casas, con nuestras familias. Aunque nos llevaríamos en el recuerdo unos buenos revolcones más en aquella isla del placer.
Espero que les haya gustado mi fantasía, buenas noches.
 



Relato: Naufragos. Yo y una diosa MILF, sólos en una isla.
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