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Relato: Curiosa

Relato: Curiosa

  LAS COSAS QUE OCURREN CUANDO NO ESTAS INFORMADA.

Esta historia comenzó en Abril de el año 2000, año y mes en que nací. Por desgracia mis padres no me conocieron, hubo un accidente que los involucro así que ellos murieron mientras iban al hospital. El carro de papá choco, mi madre quedo inconsciente y él salió volando por el parabrisas. Una ambulancia llego a tiempo para rescatarme, gracias a los últimos latidos del corazón de mi madre me mantuve con vida. Después de que me sacaron de su cuerpo ella murió. Esta historia me la contó mi tía Fabiola, la hermana de mi madre quién se hizo cargo de mi después de aquel accidente. Cuando mi tía se hizo responsable de mi ella apenas tenía 23 años, no tenía novio, ni siquiera tenía casa fija ya que se salió de la casa de mis abuelos a temprana edad. Eso si, tenía un buen trabajo y muchas amistades que la ayudaron. Ella me dio nombre, Daniela, también sus apellidos, legalmente mi tía no es mi tía ni mi madre si no mi hermana. Pasaron los años y fui reteniendo información en mi mente, como a los 8 años comencé a recordar con más claridad las cosas que nos pasaban, las cosas que hacíamos y como éramos. Todo eso se unía entre sí, dicen que por algo pasan las cosas. Como mi tía ganaba un buen sueldo le gustaba derrochar el dinero, se compraba cosas que no necesitaba y que llamaban mucho la atención. Sobre todo joyería, le gustaba brillar. Salíamos a cenar fuera, solas o con sus amistades. Regresábamos tarde, a veces a la media noche, a veces en taxi, a veces en el carro de alguno de sus amigos. Recuerdo cuando nos paso algo que cambió nuestras vidas, fue una noche de esas en que mi tía Fabiola brillo y brillo más que nunca.
Eran las 3 de la mañana de un sábado, salíamos de un salón de fiestas, no había nadie que nos llevara a casa, debíamos tomar un taxi. En el sitio no había ninguno, esperarlo era algo peligroso pues la calle estaba muy sola. Para ganar distancia empezamos a caminar por la avenida, de pronto notamos que alguien nos seguía y se acercaba más a nosotras, cuando estuvo a un metro de nosotras el tipo que nos perseguía comenzó a decirnos de cosas, sobre todo a mi tía.

- Oye puta, ven acá y chupame la verga. Te va a gustar, y de paso le enseñas a la niña como hacerlo

Así nos siguio por unas calles más, mi tía y yo ya no podíamos caminar más rápido porque entonces teníamos que correr y ella no podía por sus tacones altos. De pronto un auto se nos acerco, a mi tía se le fue el alma al suelo cuando del auto salió un hombre que encaró al tipo que nos seguía.

- Oye imbécil, déjalas en paz o te parto la cara

El tipo que nos molestaba salió huyendo mientras que mi tía y yo hicimos lo mismo, luego de unos minutos de seguir caminando buscando un taxi el hombre que nos defendió nos alcanzo en su auto.

- Disculpa, ¿a dónde van? Es peligroso que anden aquí solas, si quieren las puedo llevar

Aquel auto no parecía un taxi pero el hombre que manejaba ofreció el servicio en su auto como si lo fuera. Mi tía desconfió, me tomo fuerte de la mano. También tuve miedo pero había algo en aquel hombre que me gustaba, que me inspiraba y creo que esa misma confianza se la transmití a mi tía por lo que poco a poco fue soltando mi mano y empujandome al auto. El hombre abrió la puerta de atrás y nos invito a subir, ya no teníamos más elección, era tomar ese auto y esperar a que no nos pasara nada o seguir caminando y esperar a que nos pasara algo. Para mi tía era más su urgencia por llegar a casa así que no sé opuso a la propuesta. Nos subimos al auto y dándole indicaciones precisas al hombre que manejaba llegamos a casa. Por fortuna no nos ocurrió nada, aquel hombre no nos hizo daño, al contrario, congenio con mi tía Fabiola y todavía se quedaron platicando unos minutos más después de que llegamos a casa. No se sí fue el destino o que fue lo que ocurrió pero aquel hombre entro en nuestras vidas como llega la noche y la mañana. Pienso que ese hombre fue como un ángel que llego para cuidarnos, su nombre es Alberto y esta es nuestra historia.
Pasados algunos días desde aquel acontecimiento mi tía y Alberto comenzaron a frecuentarse, seguido, casi a diario. Hablaban por teléfono, se mandaban emails, él nos visitaba. A veces veía a mi tía y la miraba sonreír sin razón aparente, pero detrás de esa sonrisa había un pensamiento muy fuerte en donde estaba Alberto. También cuando él nos visitaba lo observaba, veía que a mi tía le tenía gran paciencia y cariño. La mistaba, le acariciaba el cabello y cuando menos lo esperaba le robaba un beso. Alberto estaba enamorado de mi tía y ella de él. Después de unos días del último beso robado Alberto y mi tía me anunciaron que ya eran novios.
Como novios mi tía y Alberto hacían buena pareja, se demostraban amor todo el tiempo, trataban de pasar mucho tiempo juntos, por ello en ocasiones Alberto se quedaba a dormir en nuestra casa. Juntos en la recámara además de dormir hacían cosas de adultos que trataban de ocultar, pensaban que no me daba cuenta de lo que hacían pero si sabía aunque no a ciencia cierta. Para ese entonces ya había cumplido los 10 años así que mi capacidad de entendimiento era mayor. Cuando ellos estaban en pleno noviazgo, era obvio que mi curiosidad era enorme para saber todo acerca de una relación de pareja, incluso yo era un poco precoz porque ya empezaban a gustarme los niños.
Trataba de espiar a mi tía Fabiola y a Alberto, cuando se besaban, cuando se acariciaban pero nunca conseguía verlos hacer esas cosas de adultos que mis maestras de la escuela decían que yo no debía de saber y mucho menos ver. Por eso crecía mi curiosidad de saber lo que mi tía y su novio hacían en la intimidad, porque ella gemía tan fuerte por las noches, que era lo que Alberto le hacía para llevarla a ese estado como si estuviera poseída. Entonces ideé un plan para poder espiarlos mejor, la idea parecía fácil y sólo consistía en espiarlos por un pequeño hoyo que había en la puerta de su recámara, suficiente para ver y escucharlos. Sólo tenía que esperar a que fueran a la recámara, fingir que ya me había dormido para levantarme muy despacio de la cama, acercarme y mirarlos cuando ellos comenzarán a "jugar" como se referían cuando tenían sexo. Esa noche espere un poco para que se quedarán dormidos, pero esa noche fue distinta pues no escuche gemidos si no gritos, gritos de pelea, gritos y reclamos. Me dio miedo, jamás los había escuchado discutir, de pronto escuche la puerta de la calle azotar y luego el silencio inepto en toda la casa. Cuando ya no escuche ruido me escabullí a la recámara de mi tía y abrí la puerta. Me sorprendí al ver a mi tía llorando, sacando la ropa de Alberto de su closet echándola en una bolsa de basura. Lo maldecía, parecía que ellos ya no volverían a estar juntos por la clase de palabras que ella uso para referirse a él y a su apática vida. Entonces volví a mi recámara, ahora confundida y resentida con Alberto por haber lastimado a mi tía. De algo estaba segura, las cosas no se iban a quedar así, iría a reclamarle por haberla hecho llorar.
Alberto y yo nos llevábamos muy bien, no me trataba como sobrina, ni como una hija, más bien como una amiga. Era cómplice de mis travesuras y compañero de muchos juegos. En ese tiempo aún jugaba con muñecas y para algunas personas era extraño que un hombre tan varonil jugara conmigo a la casita. Como hombre Alberto me atraía, me gustaba verlo y pensar que algún día yo me iba a casar con un hombre como él, o al menos con su mismo carácter. Mi tía tenía mucha suerte en haber conocido a un hombre como Alberto, con ese cuerpo masculino tan prominente y ese aspecto de hombre rudo y al mismo tiempo sensible. Reclamarle algo era injusto, pero cuando vi llorar a mi tía de esa manera creí justo darle un ultimátum.
Al día siguiente después de la escuela tome otra ruta, sabía el camino a la casa de Alberto así que fui. Vivía en un pequeño pero bien acondicionado departamento, tenía portero y un circuito de vigilancia. Eso si, no sabía en que departamento vivía así que tuve que preguntar, no fue difícil, me dirigí al apartamento luego de que el vigilante me dijera, no desconfió de mi pues me veía y era sólo una niña. Subí por las escaleras al segundo piso, llegue al departamento 23 y toqué la puerta, no había nadie, lo supe porque de inmediato salió la vecina de Alberto informándome de la ausencia de mi "amigo". Estaba a punto de volver cuando me sugirió.

- Si quieres metete por la ventana, por ahí cabes

Fue una estupenda idea. Abrí la ventana la cual estaba abierta y arroje mi mochila, luego intente entrar y lo conseguí haciendo contorsiones de gimnasta. Ya dentro me senté en el sofá y espere paciente. Puse mi mochila detrás de la cortina, un ambiente de departamento de soltero no iba a de acuerdo a una mochila escolar de dibujos animados. No tarde mucho en desesperarme, me dieron ansias y lo primero que hice fue ir al baño. Yo soy algo retraída, ir al baño me puede tomar algunos cuartos de hora y más en casa ajena. Entré al sanitario, me baje los calzones y me subí la falda, mis pies colgaban del escusado, aún era muy pequeña. Cuando comencé a orinar escuche un ruido, una puerta que se abría y cerraba, alguien había entrado al departamento y no podía ser nadie más que Alberto. Las ganas de seguir orinando se me quitaron a pesar de que las tenía, detuve mi chorro y me subí inmediatamente los calzones. No sabía que hacer, si salir y que me viera o esperar a que me encontrara, de todas maneras iba a molestarse. Entonces lo escuche venir al baño pero siguió su andar, entro a la habitación siguiente la cual era su recámara. Salí en silencio, tratando de no hacer rechinar la puerta ni mis zapatos, me asome a la recámara y como estaba la puerta abierta pude ver lo que adentró ocurría. Me quede muda, no esperaba ver algo así, menos con la intención que tenía de ver a Alberto. El hombre estaba sentado en su cama masturbando su miembro, su gran y venoso miembro el cual brillaba gracias a la saliva que él mismo se untaba. Con la otra mano sostenía una revista, más bien un catálogo de productos de belleza, algo había en ese folleto que lo hacía ponerse erecto y masturbarse así. Me quede muda, petrificada al ver como el hombre se convertía en una bestia, ese bastón gigante que movía como loco entre su mano y del cual esperaba obtener algo pues repetía "vamos, ya casi terminamos". Pero él al igual que yo dejamos las cosas inconclusas pues volteó su mirada y me miro. Detuvo el movimiento de su mano, dejo caer la revista al suelo y de inmediato se subió los pantalones guardando a la serpiente indomable que no término de domar.

- Daniela. ¿Qué haces aquí? - me pregunto guardando su camisa dentro de sus pantalones para disimular su bulto

Yo no sabía que decir, tenía tanto en la mente. Bien pude explicarle que fui a verlo porque quería reclamarle por haber hecho llorar a mi tía, que me desvíe del camino de mi casa y que lo espere por un buen rato. Quería que mi tía y él se reconciliaran, que se casaran y tuvieran hijos, que fuéramos una familia normal como la mayoría de la gente forma. Pero no, eso fue lo último que mi mente proceso para decirle, y lo primero que le dije fue preguntarle algo que no debía.

- ¿Qué hacías con tu pene?

Claro que sabía como se llamaba, y para que servía, pero que era lo que él hacía con el suyo, porque lo agitaba como loco, que esperaba sacar de él. No se quien tuvo más vergüenza, si yo o Alberto, creo que él porque se sonrojó como un tomate cuando le pregunté eso y porque no apartaba la mirada de su entrepierna, su erección no desaparecía, permanecía ahí y eso era lo que a ambos nos sorprendía.

- ¿Qué dijiste? - me respondió pero creo que en forma retórica para saber si tenía las agallas de volver a preguntarle

Entonces me acerque a él, sin quitar la vista de su abultada entrepierna acerque mi mano y él al sentirse alcanzado retrocedió un poco. No pretendía lastimarlo, sólo quería sentir aunque sentir amenazado no era su miedo.

- ¿Qué haces? - me pregunto asustado por mi mirada lujuriosa
- ¿Me dejas tocar?

Yo no sabía nada de sexo, lo poco que había escuchado era por los programas de televisión que mi tía y yo veíamos, programas no aptos para mi edad pero que a ella no le parecía grave que observará. De ahí mi aumento en la curiosidad, una vez vi como una actriz americana le sujetaba el bulto a un hombre por encima de los pantalones, algo había ahí que le gustaba porque lo hacían con gracia, reina, se besaban, ella se desnudó aunque la cámara no mostró su cuerpo, él se quitó los pantalones y la escena término. Ahora se que se cortó la escena porque hubo sexo, pero en aquel tiempo de inocente niñez no tenía idea de que pasaba después de desnudarse.

- Tranquila Daniela. ¿Qué te ocurre?
- Sólo quiero tocar
- No niña. Para empezar que haces aquí, como entraste, tu tía sabe que estas aquí
- No. Vine a hablar contigo de ella - le dije recobrando la cordura
- ¿Hablar de ella? ¿Sobre qué? Espero que Fabiola no te haya mandado en su nombre, sería una canallada
- Ella no me envió. Vine por mi cuenta porque los escuche pelear ayer. Luego la vi llorar, y pensé que si venía a hablar contigo se contentarían y... Se casarían
- Pero quien te ha dicho eso. Tu tía y yo hemos terminado, no volveremos a estar juntos. Lo siento Dani, en verdad me agradas y me hubiera gustado ser parte de tu familia pero tu tía complico las cosas
- ¿Por qué? ¿Qué te hizo?
- Nada, cosas de adultos. Obvio no entenderías, aún eres una niña y esos temas no te incumben

Me sentí tonta, quería comportarme como una mujer y las palabras de Alberto me hacían volver a la realidad de que no pasaba de ser una niña.

- ¿Cómo entraste a mi casa?
- Me brinque por la ventana
- La ventana. Cabes perfectamente por ahí pequeña diabla. ¿Tu tía sabe que estas aquí?

Mi silencio fue delator de mi travesura, la mayor que había hecho en mi vida. Pero Alberto era un hombre de pensamiento ligero, no se alarmo tanto de que me haya desviado tanto de casa y parecía que tampoco estaba asustado de que lo hubiera visto desnudo masturbandose. Y eso lo digo porque su erección permanecía viva, más débil porque ya no hacía tanto bulto en sus pantalones pero viva de todas formas. Alberto era un hombre muy pasional, le gustaba besar y ser besado, eso lo supe porque mi tía a veces les contaba a sus sus amigas las cosas que él y ella hacían en la cama. A veces decía cosas que yo no entendía pero sabía que eran cosas de adultos porque me miraban y trataban de guardar discreción disfrazando esas palabras con metáforas.
La verdad yo no conocía a Alberto tan bien como para decir si era un buen partido para una mujer, pero no se porque sí pensaba que era un buen hombre y un novio perfecto. Era guapo, atlético, de buena e imponente personalidad pero sobre todo tenía esa sensualidad y esa chispa incomprensible que a todas nos hacia flotar en el aire tan sólo con mirarlo a los ojos. Y si veías otras partes de su cuerpo podías podías subir la intensidad de tus pensamientos.

- Supongo que tendré que llevarte a tu casa. Tu tía se puede preocupar de que no hayas llegado. Lo malo es que me va a echar la culpa de lo que hiciste, va a decir que yo fui el que te trajo, que yo te sonsaque, que quiero complicar las cosas...
- ¿Qué cosas? - le pregunte dudosa y ansiosa por saber cual fue el motivo de su separación abrupta
- Nada niña, ya te dije que no tienes que saber
- Pero es justo que lo sepa. Eres casi como mi papá
- Me gustaría ser tu padre, y darte hermanitos pero tu tía no quiere
- ¿Por qué?
- Dice que no le interesa tener hijos, que contigo tiene suficiente como para tener los suyos propios
- ¿Es por mi que no quiere tener hijos?
- Tu no tienes la culpa de eso. Tu tía piensa de un modo extraño, la conoces, sabes que no es una mujer normal

En eso estaba en lo cierto Alberto, mi tía siempre fue una mujer que vivía en otros tiempos, una que el futuro le quedo muy lejos en aquellos años. Totalmente revolucionaria rechazó la vida de la mujer criada a la antigua dispuesta a vivir atada a un matrimonio que seguramente sería un fracaso. A llenarse de hijos paridos año tras año y a no vivir su vida como ella imaginaba. Esos pensamientos de que la mujer tenía los mismos derechos que los hombres la llevaron muy lejos y hacer muchas cosas en su vida, comenzado por perder su virginidad a los 15 años, ir sola de viaje con mochila al hombro desde los 17 a destinos y lugares que no aparecen en los mapas. Fiestas, excesos, drogas. Y eso era algo que ninguna chica de su época podía hacer, ni siquiera pensar.

- ¿Tu quieres tener hijos con mi tía?
- Daniela... Ese tema es cosa de grandes
- Ya se de dónde vienen los niños, y como se hacen. Así que no soy tan niña como crees
- No importa, no tienes edad para hablar de eso conmigo ni con nadie. ¡Andale, vámonos! Te llevo a casa y se acabó

Alberto parecía molesto pero en realidad estaba nervioso, la conversación que teníamos le resultaba difícil de llevar, no porque fuera un tema prohibido para él si no que no sabía como hablar de ello sin confundirme con información equivocada. Pero sobre todo no quería hablar más conmigo porque él ya no era nada de mi, ni lo sería más gracias a las decisiones liberales de mi tía Fabiola.
Alberto salió de su recámara, tomo las llaves de su auto y se acomodó una gorra en la cabeza. Agarro mi suéter que había dejado en el baño, luego encontró mi mochila y la tomo.

- Vámonos Daniela, no tengo todo el día - impero

Rápidamente Alberto abrió la puerta del departamento, salió y tuve que seguirlo casi corriendo. Subimos a su auto, salimos a la avenida y al llegar al periférico un espantoso tráfico nos atrapo.

- Maldita sea. ¿Y ahora que hago? Pues nada, a esperar

Yo me quede muda, creí que Alberto me regañaría si decía algo más. Avanzábamos poco en el tráfico, después empezó a llover y el enojo de Alberto fusionado con su nerviosismo hizo algo que nos hizo romper el hielo y descubrir una nueva etapa en nuestras vidas.

- Hace calor. Me voy a quitar la camisa

Y así lo hizo, desabotono su camisa botón por botón y dejo al descubierto su pecho y su abdomen, atléticos, firmes, fuertes. Jamás me había emocionado tanto por ver el pecho de un hombre, a esa edad no había visto muchos más que en televisión así que la experiencia fue única. Me puse más nerviosa de lo estaba, mis manos sudaban y mis piernas temblaban. Alberto resoplo y su aliento a menta me llego a la nariz, si algo le faltaba a ese hombre eran alas.

- Así esta mejor. ¿No tienes calor? - me pregunto

Tal vez el clima no era abrumador pero lo que me había puesto caliente era ver a ese hombre en su estado natural, y aún más cuando recordé como lo había visto en su estado total de éxtasis.
Aún no podía olvidar como lo había visto en su cama, con su miembro entre sus manos en total erección. Cada vez que veía su abdomen sin poder evitarlo bajaba la mirada hacia su entrepierna, buscaba la erección que le conocí y esperaba verla otra vez. Al pensar eso sentí un cosquilleo en mi barriga, una sensación extraña que me hacia sentir miedo pero a la vez placer, sabía que podía llevarme el regaño de mi vida por lo que iba a hacer pero no podía quedarme con las ganas de hacerlo.
Temblorosa dirigí mi mano hacia la pierna de Alberto, cada vez más cerca iba a preparando mis dedos para palpar y sujetar bien lo que quería encontrar. Alberto no se lo esperaba, una niña como yo parece imposible que piense y haga lo que hice.

- Pero... ¿Qué haces Daniela? - me grito

Alberto se asustó, él estaba concentrado mirando por dónde podía meterse para ganar camino cuando de pronto sintió mi pequeña mano tratando de hurgar entre sus pantalones. Yo no encontré nada de lo que esperaba, creí que su erección aún seguía viva como la vi en su recámara y espere encontrar algo duro dentro de su ropa. Al no palpar la rigidez de su miembro de inmediato quite mi mano de su pierna y guarde mis dedos entre mi blusa.

- ¿Por qué hiciste eso? ¿Qué te ocurre Daniela? Te estas comportando muy rara

Yo no sabía que decirle, si bien yo sabía muy bien mis intenciones no podía decirle la verdad a Alberto, bien o mal él era como un padre para mi, y a un padre no se le puede faltar al respeto así.

- Habla niña. No te quedes callada. Es por lo que viste hace un rato. Note que te quedaste perturbada

Y como buen adulto, Alberto se dio cuenta de mis intenciones sucias y morbosas. Con la boca seca apenas pude lanzar un pequeño gemido en signo de aprobación, había acertado en la pregunta y ahora yo era presa de su reacción y su nobleza, si le decía algo a mi tía Fabiola me iba a meter en serios problemas.

- No te asustes, no estoy enojado. Dime, ¿tienes alguna duda de lo que viste?

Al escuchar esas palabras quise sacar todas las preguntas que tenía, preguntas de todo tipo y de alto nivel prohibido. Pero no dije nada, mi silencio era tan sepulcral que hasta en un panteón había más ruido.

- Dime. Con confianza. Te puedo aclarar todas las dudas que tengas

Yo estaba en un mar de confusiones, no sabía que hacer ni que decir. De pronto se acercó un vendedor ambulante que vendía muñecas de trapo y nos ofreció una, pero la respuesta de Alberto fue prominente.

- Ella ya no es una niña, me acabo de dar cuenta que no lo es. Y ya no lo será. Gracias amigo

El vendedor se retiró mirando a Alberto, cómplices de lo que pasaría se rieron y el ambulante le deseo suerte.

- Ya no te imagino jugando con muñecas, desde ahora jugarás con otras cosas

Y mientras decía eso su mano se acercaba a mi pierna y en un instante ya exploraba mis muslos, la falda de mi uniforme no era lo suficientemente larga para detenerlo de acariciar mis piernas y si no lo detengo hubiera llegado más lejos en ese instante.

- ¿Qué pasa? No querías explorar, pues hay que ser parejos. Tu exploras si me dejas explorar también
- Pero... - pretendía replicar
- Cuidado, bájate la falda

Alarmada me baje la falda, creí que mi tía Fabiola nos había visto y por ello el miedo de Alberto. Pero no, se trataba de otro vendedor ambulante que ofrecía dulces.

- Sabes que, aquí no es seguro, mucha gente nos va a ver. Mejor hay que movernos

Alberto tomo la calle trunca y se dirigió a un callejón. Pero luego en el callejón nos encontramos a un montón de pordioseros así que retrocedió y volvió a la avenida. Desesperado manejó por unos 10 minutos y cuando me di cuenta ya estábamos de vuelta en su departamento.

- Ven. Vas a ver que te la vas a pasar muy bien
- Pero...
- Silencio, hoy vas a aprender nuevas cosas. ¿Quieres saber lo que hay en mis pantalones? Lo vas a descubrir

Mis ganas de saber todo acerca de la sexualidad eran más grandes que mi miedo y el pudor que sentía al ser llevada al departamento de aquel hombre. Más nerviosa me sentía cuando subiendo las escaleras Alberto alzaba mi falda y veía mis pantaletas estampadas de osito.

- Adelante. Entra y ponte cómoda. Le voy a llamar a tu tía, para que no se preocupe

Alberto tomo el teléfono, fue a hablar a la cocina y desde ahí escuche que llamo a mi tía. Acordaron una hora para entrégame, para las 7 de la noche que era cuando ella volvía de su reunión ya era muy tarde. Pero Alberto se encargaría de mantenerme entretenida.

- Ahora si Daniela, es momento de tus lecciones

Alberto me llevo a la recámara, encendió la luz de noche y a tropiezos llegue a la cama. Él me tocaba, desde el cuello hasta mis nalgas, se agasajaba con ellas a pesar de ser pequeñas. Me buscaba los senos pero apenas empezaban a brotarme. Todo ese tiempo había pensado que era un pecado ser tocada por un adulto cuando eres niña, y peor si te tocaba en tus partes nobles y con la sed con la que Alberto lo hacía. Su avaricia por tocar mi cuerpo se incrementó cuando me hizo tenderme en la cama y alzando mi falda descubrió mis muslos. Con sus manos lentamente recorrió mis piernas hasta que llego a mi pelvis, por encima de mi ropa interior toco mis sensibles labios, tan sólo con el tacto de sus dedos comenzó a hacerme vibrar.

- ¿Te gusta que te toque? ¿Nunca te habías tocado? Yo creo que no, aún estas muy niña para saber como hacerlo. Pero vas a aprender, para empezar esto que hago es masturbarte

Yo jadeaba, de pronto comencé a sentir calor en todo mi cuerpo que parecía que tenía fiebre. No podía moverme de donde estaba, Alberto estaba casi encima de mi y su mano parecía como una correa que impedía moverme más que en forma vibratoria.

- Te gusta. ¿Quieres sentir mejor?

Y sin esperar mi aprobación Alberto hizo a un lado el puente de mis pantaletas y toco directamente mi vulva con sus dedos. Ahora la sensación era incontrolable, mi fiebre subió a tal punto que mis ojos se voltearon, mi cuerpo vibraba y temblaba, sudor frío escurría por mi frente y una sensación fuerte de orinar debido al roce que Alberto hacía con sus dedos en mi vagina me hicieron alzar la mirada hacia él. Por sí algo faltaba, Alberto se dispuso a enseñarme lo que yo iba buscando ver en su auto. Era poca la luz que había en el cuarto pero yo bien podía distinguir entre sombras su miembro el cual apenas iba tomando la forma recta tal y como lo había conocido por primera vez.

- ¿Ya lo viste? Míralo, gracias a ti se está poniendo duro

Y mientras más rápido tallaba su mano sobre mi pelvis, más se iba elevando su miembro. De cerca lo vi más grande que como lo había visto a distancia cuando lo encontré masturbandose desde el umbral de su puerta. Me perdí hechizada por el tamaño creciente de su miembro que no supe como ni porque al momento en que Alberto introdujo su dedo en mi vagina comencé a orinarme. Pero fue de forma distinta, sentí como mi vagina expulsaba líquido un tanto viscoso, aún así húmedo mojaba mis calzones y la cama de Alberto quien al percatarse de mi acto puso su manos para evitar que mi orina mojara, ensuciara y apestara su cama. Me asuste al esperar su reacción, ya le había hecho pasar muchos disgustos ese día y esa "gracia" era lo último que él esperaba.

- Perfecto Daniela
- Lo siento - le dije avergonzada
- ¿Por qué? Lo hiciste muy bien
- Me hice pipí
- No preciosa. Tuviste un orgasmo, mira, no huele a pipí

Al principio creí que me había orinado pero luego pensé que orinar nunca me había dado tanto placer, tanto que me relaje en la cama y esboce una sonrisa con todo y mi cara colorada. Alberto acerco su mano bañada en mis jugos y me dio a olerla. En efecto, no era pipí lo que había sacado por mi vagina, pero entonces que era.

- De hecho huele delicioso. ¿Te gusto? - me pregunto sosteniendo en sus manos el líquido

Con una voz aterciopelada alcancé a decir que si, el aire me faltaba y mi cara estaba sonrojada y sudada que con mi mano trataba de ventilarme.
Alberto olió su mano y se embriago con mi aroma, chupo su dedo pulgar que era el más húmedo y borracho por el aroma y el sabor quiso saborear directamente de la fuente mi sabor virginal. Acerco su cara a mi vagina, sentí su respiración en mi pelvis y su aliento directamente en mi labios, de pronto una nueva sensación de locura, otro orgasmo en menor cantidad de líquido mojó el rostro de Alberto.

- Sabes deliciosa - me dijo limpiándose la boca

Estaba complacida, orina o no había experimentado uno de los mejores placeres de la vida, si no es que el mejor. Alberto también se veía contento, le había gustado mi jugo y creí que ya habíamos terminado. Si sólo eso era sexo no era tan complicado. Entendí que en ese arte lo que se busca es placer, yo ya lo había conseguido y eso era todo, incluso pensé que Alberto también había terminado, eso pensé porque su erección aún se mantenía, pero estaba equivocada porque aún no terminaba nuestra húmeda travesura.

- Ahora te toca a ti hacerme lo mismo. Pero primero quítate la ropa, nada más déjate la falda

No término de decirlo cuando me despojo de mis pantaletas húmedas, luego me quitó el suéter y la blusa, sólo me quede con mi falda del colegio. No se que obsesión tienen los hombres con las faldas de colegio, sigo sin entender y en aquel entonces menos lo entendía.

- Estas preciosa mi niña. Para tus 10 añitos tienes un hermoso cuerpo casi de mujer mayor

No se sí Alberto estaba poseído por el aroma de mi cuerpo y los fluidos que de el emanaban, no se en que momento me vio como una mujer pero me sentía halagada de que le lo dijera pues me sentía mayor y no una niña como él pensaba. Como les digo, a mis 10 años no tenía un cuerpo maduro, lo más sobresaliente eran mis piernas tersas, largas y macizas. Por lo demás no tenía mucho que resaltar, si acaso era bonita o soy porque me he cuidado el rostro. Si de algo estaba segura era que yo quería cautivar a los hombres así como lo hacía mi tía Fabiola y enamorar a Alberto era señal de que lo haría.

- ¿Quieres probar algo nuevo? - me pregunto mientras se bajaba los pantalones
- ¿Qué? - pregunte desconfiada pero curiosa a la vez
- Siéntate y abre la boca. Por ahora sólo usa la lengua para que sólo lo pruebes. Pero se que te va a gustar y vas a querer tragarte todo

Y con esa voz profunda acerco su cuerpo con la prominente verga erecta hacia mi cara y me la dio a probar. Saqué la lengua a penas la sentí cerca y al hacer contacto con su glande volví a sorprenderme, pensaba que mi cuerpo hervía por la excitación del momento pero el miembro de Alberto era como un hierro recién forjado.
Su sabor, no se, exquisito diría yo aunque al principio no me gusto ya que olía feo. Además secretaba un líquido transparente que sabía a orina y estaba cubierto de bellos. Aún así lo saboree, Alberto estaba en las nubes por la forma en como pasaba mi lengua por su glande, me acariciaba el cabello y me pedía que me fuera acercando más a él, agarraba mi cabeza y me inducía a abrir más la boca y por ello a meter más su miembro dentro. A los minutos de haber iniciado esa degustación ya tenía medio miembro de Alberto rozando mi garganta. A veces lo lastimaba por como rozaban mis dientes en su tronco, pero al final de cuentas él lo disfrutaba convirtiendo ese dolor en placer. Así estuvimos algunos minutos hasta que Alberto quiso, él mismo fue quien me detuvo de esa felación, parecía que algo estaba por hacer si no detenía. Incluso me lo dijo.

- Alto mi niña, o me vas a hacer terminar antes

Hiciéramos lo que hiciéramos el sexo que Alberto me estaba enseñando no terminaba. Pero era porque faltaba lo mejor.

- Acuéstate mi niña, esto te va a doler un poquito pero ya vas a ver como te va a gustar

Alberto me miró a los ojos mientras me jalaba de las piernas al borde de la cama. Lo hizo suave y dulcemente aunque en su mirada había algo de maldad, algo iba a hacerme, si no me avisa que me iba a doler hubiera pensado que lo hizo con saña.
Alberto me acaricio las piernas, me beso los pies y con una sonrisa me hizo relajar el cuerpo porque estaba muy tensa. Pensé que Alberto me daría más besos, que volvería a devorarse mi vagina a lengüetazos hasta hacerme agua otra vez pero no lo hizo porque no se agacho si no que se coloco de pie pegado a mi pelvis con su miembro amenazando mi vagina. Su glande hizo contacto con mis labios y de nuevo volví a sentir la diferencia de temperaturas entre nosotros, él más caliente que yo aunque yo estaba que hervía de la frente.

- Tranquila Dany, esto te va a doler un poquito, si te duele mucho hagas lo que hagas no grites o nos pueden escuchar. Si quieres muerde la colcha para aguantarte el grito

Que era eso que me iba a hacer que resultaba muy doloroso. Ni la idea me pasaba por la mente, sólo sentía como mi temperatura incrementaba hasta sudar a chorros. Alberto me dio la colcha de su cama para que mordiera, me metí un poco a la boca como un chupón y espere a que él actuará. Tomo su miembro, lo ensalivo un poco y lo dirigió. Mi vagina aún estaba húmeda así que no resintió los primeros embates de su embestida.

- Tranquila mi niña. Voy a meterla dentro de ti. Como aún eres virgen te va a salir un poco de sangre, no te asustes
- ¿Sangre? - pregunte asustada
- Sólo un poco, un hilo. ¿Cuantas niñas en el mundo pierden su virginidad a los 10 años? Muy pocas creo yo. Serás de esas afortunadas

Y yo sin poder pensar lo que me dijo Alberto, tomo su miembro firme y lo comenzó a introducir en mi vagina. Sentía un dolor mortífero, fue como si una araña fuera atravesada por un alambre, y lo peor estaba por venir.

- Tranquila mi niña. Ahora muerde fuerte la colcha, aprieta las manos o haz lo que quieras pero no grites - me pidió Alberto

Y haciendo su cuerpo hacia adelante, Alberto impulsó su cuerpo. El dolor se fue incrementando a cada milímetro que Alberto metía su miembro en mi vagina, mi cuerpo se partió en dos o en tres cuando su glande entro por completo en mi vulva, y eso apenas eran dos centímetros de 19 o 20 que faltaban. No grite, no se cómo lo hice si cuando algo me duele me da por hacerlo. Eso si, llore mucho, tanto que las lágrimas corrieron por mi rostro y empezaron a mojar la cama. Y aún me faltaba sufrir.

- No llores mi niña. Aguanta otro poquito - me pidió Alberto anticipando más dolor

Alberto empujó su miembro más adentró de mi, sentí dolor otra vez pero esta vez comencé a sentir placer, una aterciopelada sensación que me hizo soltar mi primer gemido dio aviso a Alberto de que hacia lo correcto. Pero entonces sucedió lo irrefrenable. Siempre escuchaba que las mujeres lloraban cuando perdían su virginidad, en ese momento supe porque. Alberto metió un centímetro más su miembro y llego a rozar mi virginidad, ni siquiera lo dudó, rompió mi himen con su miembro y desangro mi parte más pura hasta entonces. Ahí si grite, el dolor fue insoportable y morder la colcha y patalear no era suficiente. Alberto se asustó al oír mis gritos, me tapó la boca con su mano y aún así seguí gritando hueco. Quería despegarme de él, quería que me la sacara porque en verdad el dolor no lo toleraba pero ni porque estaba gritando Alberto me sacaba su rígida verga la cual estaba muy apretaba por mi vagina. Alce la mirada y el pedazo de carne no estaba ni a la mitad dentro. Cansada de jadear caí desmayada, en ese momento no supe más de mi hasta el momento en que regrese de mi sueño, un sueño que también involucraba a Alberto en una situación comprometedora. Cuando desperté la escena en que me desmaye no había cambiado en nada.

- Ya despertaste Dany. Bien, podemos continuar

Mi desmayo había durado tan sólo un minuto, quizá menos. Ese tiempo fue suficiente para que Alberto terminará de acomodarse e introducirse dentro de mi, claro que no por completo, ahora entendía cuando mi tía hablaba con sus amigas acerca de que el "asunto" de Alberto era algo grande y grueso. A esas alturas de la penetración Alberto sólo había podido meter la mitad de su miembro dentro de mi vagina la cual ya experimentaba los primeros espasmos de una sensación de placer y ya no sólo de dolor. Aún así me dolía y gemir y gritar como perra no lo podía evitar.

- Tranquila mi niña. Lo peor ya paso. Ahora sólo es cosa de disfrutarlo

Alberto tomo impulso hacia atrás y sentí como su miembro salía de mi cuerpo pero no lo saco por completo y eso sólo lo hizo para volver a meterlo. No sabía porque lo hacía así, que pretendía hacer conmigo haciendo eso, pero la segunda vez que lo hizo me volví loca de placer y desde entonces me envicie por el sexo, sentir y dar placer. Claro que sólo con Alberto, el primer hombre de mi vida y el único.

- Así Daniela, estas riquísima. Apretadita. ¿Te gusta? Y eso que no te cabe toda sino gemirías más

Yo sólo gemía, el movimiento armónico que hacia Alberto al meter su miembro ponía un ritmo cadente a mis suspiros. Una vez que entraba el miembro de Alberto tenía el placer de entrar en una ola de micro sensaciones que todas juntas me hacían reír y estremecerme. El dolor ya había pasado, mi vagina estaba húmeda y sumado a su lubricación la entrada y la salida eran armónicas. Ahora también comprendía a mi tía Fabiola cuando contaba a sus amigas que Alberto le hacía cosas que no sabía como explicar pero que sabía hacer muy bien.

- Oh Daniela, que rica estas. Quien me hubiera dicho que cojees así de rico no le hubiera creído - me dijo Alberto mirándome lujurioso y sudado

Yo también sudaba y lo miraba, me parecía el hombre más guapo del mundo, el hombre por el cual valía la pena cualquier cosa. No entendía porque mi tía lo dejaba ir así si lo único que él quería era tener un hijo con ella. Pensé, yo se lo daría. No sabía que aún no podía.
Alberto entraba y salía de mi, al principio lo hizo despacio pero conforme sentíamos más placer lo fue haciendo más rápido y con más fuerza. Mis piernas ya estaban cansadas de estar abiertas totalmente para que Alberto pudiera entrar lo más que podía, le pero tregua.

- Ya me canse - le dije agitada sin aire
- ¿Quieres cambiar de posición? Ven, levántate

Me levanto de la cama y me dio vuelta, acaricio mis nalgas y beso mis hombros y mi cuello antes de aventarme a la cama sobre mis rodillas. La posición ya la sabía, la había visto en una revista de mi tía Fabiola, por cierto, la revista trataba el tema de conocer las posiciones que llevarán a la pareja a conseguir el orgasmo, al parecer la vida íntima de ella y de Alberto no era tan plena como yo pensaba.

- Así mi niña, como perrito - me dirijo Alberto acariciando mis nalgas
- Dirás, como perrita - le corregí entrando de lleno a su juego sucio

Alberto sonrió y me dio una nalgada suave, luego apuntó su miembro de nuevo a mi vagina y lo introdujo con salvajismo, ya ni a él ni a mi nos preocupaba el dolor. Sujeto mis caderas para traerme de atrás hacia adelante, entonces sentí que su miembro entraba más, no se sí era así pero sentía más ocupada mi vagina. Seguía gimiendo de placer, estaba excitada y lo demostraba de tantas formas pero no sabía si Alberto también lo disfrutaba. Pujaba cada vez que me lo metía, me nalgueaba cada cierto tiempo y luego se prendió de mi cabello como rienda de caballo. No podía ver su rostro, quería ver si tenía una sonrisa como yo.

- Así Daniela, cojees rico. Andale mamacita, muévete

Entonces Alberto soltó mi cabello y mis caderas, quería que yo fuera quien participara en esa danza y hasta el momento yo no había hecho nada, o bien, eso era lo que yo creía. Entonces comencé a moverme sola, me balanceaba de atrás hacia adelante y yo misma me enterraba y desenterraba el miembro de Alberto el cual estaba tan rígido y caliente que creí que estaba siendo penetrada por un hierro al rojo vivo. Entonces se me ocurrió voltear a verlo y al mirarlo estaba con los ojos cerrados y las manos en la cintura. En esa posición me di cuenta de que Alberto lo disfrutaba más que yo.

- Ya me canse - dije después de 20 minutos de hacerlo todo yo
- Ok. Entonces cambiemos, acuéstate de lado

Gatee sobre la cama para recostarme sobre las almohadas, Alberto me siguió y me acariciaba todo lo que podía, sus amos ya conocían mi cuerpo y yo sus dedos. Me pidió que me recostara de lado, él se acomodó detrás de mi y alzo mi pierna para que mi vagina quedara expuesta. Una vez acomodados comenzó a introducir su miembro, su carne encontró el camino rápido y sin obstáculos porque ya estábamos tan húmedos y sudados que lubricaban bien mi entrada. Entonces así podía ver mejor a Alberto, lo tenía casi de frente y podía mirar su rostro. Él estaba concentrado en meter su miembro lo más que pudiera pero cuando se percató de que lo estaba mirando también me miro y nos reímos. Placer y amor mutuo teníamos entre los dos, por ello fue fácil besarnos tan apasionadamente que parecíamos esposos recién casados, con los besos él detenía su movimiento pélvico así que yo tenía que moverme de un lado a otro para penetrarme yo misma. Alberto besaba mi cara, mi nariz, mis cachetes y mi cuello, pero lo que le fascinaba era mi boca, exploraba en ella lo que él quería y utilizaba todo lo que podía, por supuesto su lengua.

- ¿Te gusta? - le pregunte
- Si. Estas hermosa Dani, gracias
- ¿De qué?
- Por ser el primero

No lo había pensado y era cierto, mi primera relación la tuve con Alberto. Pudo ser con cualquier otro hombre, cuando yo fuera más mayor o al menos con alguien con quien pudiera tener un amor posible. Ya era tarde de todas maneras, mi infancia se había ido con ese hombre, un hombre 20 años mayor que yo, un hombre que podía ser mi padre y un hombre que estaba comprometido con una mujer y esa mujer era nada más y nada menos que mi tía. Y pobre de mi tía, ella tan enamorada que estaba de Alberto pero ese miedo o pesar de no querer tener hijos la estaba distanciando del hombre de su vida y ahora sería el hombre de la mía.
Alberto seguía penetrandome, parecía que no se cansaba y que nunca iba a terminar. Yo tampoco estaba cansada ni harta, podía seguir así varias horas pues al final el placer se sentía infinito. Eso si, cada cierto tiempo sentía mucho calor en mi vagina y le tenía que pedir a Alberto que se detuviera, pensaba que me orinaría y no quería hacerlo. Me acariciaba y lo acariciaba, seguían nuestros besos pasionales totalmente prohibidos, bueno, para mi porque yo simplemente era una niña. De pronto Alberto hizo algo que me volvió a hacer explotar en jugos, pasó su mano por mi pierna, acaricio mi muslo y comenzó a frotar sus dedos en mi clítoris. Fue una sensación grandiosa, de nuevo comencé a expulsar líquidos y por ende moje el miembro de Alberto el cual adquirió más lubricación y entraba y salía de una forma tan descomunal que también lo hizo llegar al punto al que yo llegue. Pero su éxtasis fue distinta a la mía.

- ¡Si Daniela! ¡Toma, toma mi leche! - gritaba Alberto enterándome su miembro todo lo que podía

Al hacer eso y terminar mi manantial pélvico sentí un torrente más caliente entrar en mi cuerpo, una nueva experiencia que yo desconocía por completo ya que no sabía como era el orgasmo de un hombre ni como terminaba. Por supuesto que me asuste, pensé que yo seguía sangrando por la tremenda bestialidad de las embestidas de Alberto en mi vagina.

- Tranquila niña, no te asustes - me pidió Alberto
- ¿Que fue eso? - le pregunte asustada con ganas de salir huyendo
- Tranquila, ahorita te explico. Quédate quieta, deja que mi verga pierda fuerza para sacártela

Después de unos minutos de esa inexplicable sensación empece a sentir como el miembro de Alberto iba perdiendo fuerza, ya no sentía tan ocupada mi vagina pero en cambio comencé a sentir que aquel líquido caliente se escurría por mis labios vaginales. Pase mi mano por mi vulva y sentí el líquido viscoso, pegajoso y al olerlo olía asqueroso, a pescado. Sin duda Alberto tampoco se había orinado, ese líquido era algo muy distinto a pipí, blanco y de esa consistencia pensé que era moco pero aún no creía que le podía salir moco de otro lugar que no fuera la nariz. Estaba totalmente confundida, no sabía que eran muchas cosas de las que había hecho, peor aún, no sabía si lo que hice fue bueno o no.
Asustada me levanté de la cama y trate de buscar mi ropa, encontré primero mi blusa y me la puse enseguida. Alberto vio mi desesperación y mi angustia, me detuvo del brazo antes de que me pusiera mis pantaletas y me dio un abrazo. Estando en su pecho me sentí tranquila, pero tenía que saber que era lo que había hecho con él.

- Tranquila mi niña. No te asustes. Ya se que no sabes lo que paso, tu tía nunca te ha contado nada sobre el sexo. Pero yo te voy a explicar

Alberto y yo nos acostamos en la cama, él no paraba de acariciar mi cabello y cuando encontró mi cara entre la maraña de mi cabello me dio un beso en los labios tan romántico que volvía a caer en un sueño.

- Escucha mi niña. Lo que acabamos de hacer, lo que hicimos, es...

A Alberto le costaba hablar del tema, no estaba preparado para explicarle a una niña lo que era el sexo ni todas esas cosas que incluyen pero que bien hicimos. Como no tenía hijos ni convivía con niños no sabía de que manera abordar el tema.

- ¿Tu tía nunca te contó nada sobre esto?
- No
- ¿Nunca han hablado de sexo?
- ¿Qué es eso?

Sexo, hasta entonces sólo sabía que el sexo era un adjetivo con el que podías identificar a una persona si era niño o niña. No tenía idea que el sexo tenía que ver con cuerpo, contacto, fluidos y placer. Mucho menos que eso tan delicioso no debía incluir sentimientos si no debía llamarse de otra manera como "hacer el amor".

- No puedo creerlo. ¿Ni en la escuela? Nada. ¿Y tu nunca le has preguntado a tu tía?
- Una vez le pregunte como nacían los bebés. Me dijo que era porque mamá y papá hacían "cositas"
- Vaya. Bueno, voy a tratar de explicarte a que se refiere con esas "cositas"

Alberto comenzó a hablar de las necesidades básicas del hombre como comer, respirar y cagar. Claro que no son las únicas, entre ellas menciono el sexo. Dijo que los humanos y los monos son los únicos en la tierra que tienen sexo por placer, los demás lo hacen porque su naturaleza así se los manda. Por placer o por fuerza natural, el sexo era la base de una sociedad, sin eso no habría quién poblara la tierra porque de ahí comienza la vida humana. Comenzó a hablar de como es que un bebe se forma dentro del vientre de una mujer, me explico como en cada mes se formaban desde sus órganos hasta sus cabellos, pero tuvo que mencionar el inicio de todo, como y donde comenzaba la vida.

- En el semen que eyacule por mi pene y entro en tu vagina, hay células llamadas espermas que son las que hacen que se hagan los bebés si es que llegan a fecundar un ovario que son las células que ustedes las mujeres tienen
- ¿Entonces, voy a embarazarme? - pregunte asustada e ilusionada
- No Daniela, tu aún no puedes quedar embarazada porque aún no has reglado. Hasta que tengas tu periodo serás una mujer fértil
- ¿Cuál periodo?
- ¿No sabes?... No, no creo que sepas. Tu tía no te ha contado nada sobre ser mujer. Aún piensa que eres una niña

Aunque así lo era, Alberto ya entendía que yo me había convertido en mujer en un parpadeo. Mi tía Fabiola había evitado hablar sobre temas de sexo y la adolescencia porque ella tampoco estaba preparada para hablar del tema, a pesar de demostrar madurez mi tía aún era una niña en un cuerpo de mujer. A mi me ocurría lo contrario, yo ya era una mujer en un cuerpo de niña.
Alberto me explicó que cada 28 días a las mujeres nos venía una semana con un proceso complejo llamado menstruación. En ese procesó nosotras sangrábamos por la vagina y en ese sangrado nuestros óvulos muertos salían de nuestro cuerpo. Científicamente eso es asqueroso y doloroso pero desde el punto de vista femenino era algo totalmente natural y hermoso pero triste.

- Ahora entiendes. Si uno de mis espermas fecundarán algún ovulo tuyo te embarazarías

Entonces me asuste, si Alberto había eyaculado dentro de mi donde se alojan mis óvulos iba a embarazarme. Había escuchado que eso era muy malo para una niña de mi edad, no sólo por el que dirán de las personas si no por mi propia salud. Alberto me había hecho mujer y me iba a hacer mamá aprovechándose de mi inocencia y de mi calentura.

- Pero no te asustes mi niña. Tu aún no menstrúas - me dijo para calmarme
- Pero... Sangre, mira - le señale la mancha de sangre que produjo su penetración en mi
- No Daniela, eso fue otra cosa. Esa sangre fue porque rompí tu himen. Déjame explicarte

Una vez mi tía menciono algo sobre la primera vez de las mujeres, dijo que debía ser con un hombre con quien quisieras estar o al menos sintieras atracción por él ya que no había vuelta atrás y hacerlo con la persona equivocada te podría dejar secuelas negativas en tu vida. Al menos eso es lo que recordaba que había dicho porque no me lo dijo a mi si no a la hija de una amiga suya. En todo caso tenía razón, y me alegra decir que mi primera vez fue con Alberto, a pesar de haber sido así sin saber lo que hacia se que lo paso ese día fue hecho con amor, con respeto, con tacto. Lo hice con él sintiendo atracción, amor, cariño, y él sentía lo mismo por mi pues me lo demostró todo el tiempo. Arrepentida nunca, pero se que pude haberme esperado algunos años para hacerlo porque finalmente Alberto no salió de nuestras vidas como parecía ser.
Alberto me explicó algunas cosas más, otras se las reservó no porque yo no tuviera edad para entenderlo, si no porque prefería que lo experimentara en carne propia. Claro que más adelante tuve que investigar por mi cuenta para no volver a a hacer algo sin saber.

- Por ahora eso te puedo decir. Si tienes alguna duda no dudes en pregúntame
- Esta bien
- Y escucha, esto es muy importante. Nadie, ni tu tía ni nadie debe enterarse de lo que hicimos hoy
- ¿Por qué? - le pregunte extrañada
- Porque estuvo mal lo que hicimos, más bien, lo que te hice

¿Mal? Si los dos lo disfrutamos porque habría de estar mal. Aún no entendía o mejor dicho no sabía que el amor entre un adulto y una niña no se debe demostrar de la manera en como Alberto y yo lo hicimos.

- Puedo ir a la cárcel si la gente se entera. También puede haber alguien que quiera separarte de tu tía diciendo que no es capaz de cuidarte e irás directo a un orfanato
- No - respondí asustada
- Incluso si sólo tu tía se entera puede ser que tu y yo no nos veamos nunca más. Por eso nadie se debe enterar, quiero seguir viéndote y estar contigo como hoy

No podía negarle nada a Alberto, sus palabras de suplica me llegaron al corazón y al alma. Ahí estaba otra prueba de que me amaba, quería seguir viéndome, teniéndole, quería que yo fuera suya y él de mi. Alberto me cargó hasta el baño, me sentó sobre el escusado y me abrió las piernas, creí que me haría de nuevo vibrar, que se iba a sumergir nuevamente en mis piernas pero no, únicamente su intención era limpiar mi vulva babosa y mojada por mis fluidos y su semen fresco.

- ¿Volveremos a hacerlo? - le pregunte suplicante
- Si tu quieres si. ¿Te gustaría?
- Siempre - le respondí extasiada por el roce de sus dedos en mi vagina

Comenzamos a besarnos, me volvió a desnudar y ahí en su baño sentada sobre su inodoro recorrió con sus labios todo mi cuerpo sin excepción de algún centímetro. Mis labios vaginales volvieron a experimentar por ultima vez ese día la explosión de un orgasmo, era tan sencillo para mi llegar al éxtasis con lo excitada que estaba aquella tarde noche.
Después de limpiarme cuidadosamente mi vagina de mis líquidos y de su saliva y también de peinar mi cabello, Alberto me vistió con mi uniforme tal cual fuera una linda muñeca de porcelana. Cuando me puso mis pantaletas subió cuidadosa la prenda de que no lastimaran mis labios pues después de tanto roce se sentían irritados. Él también se cambió, última vez de la noche que lo vi desnudo. Ya en su auto iba quedándome dormida, estaba agotada por tanta actividad, por tanto placer. Cuando desperté ya estaba en mi cama, busque a mi tía y la encontré platicando con Alberto en la sala. Parecía que se reconciliaban, hablaban y se tomaban de las manos. Sentí un poco de celos, mi idea inicial era defender a mi tía de la insensatez de ese hombre. Había planeado ir casi a suplicarle a Alberto que regresará con mi tía Fabiola para ser la familia que yo quería tener, pero en ese momento lo único que quería hacer era separarlos, ser yo la mujer a quien Alberto le propusiera una vida juntos, llena de amor y seguramente llena de sexo. Los vi reconciliarse hasta que se besaron, escuche que a Alberto ya no le importaba si mi tía no le daba un hijo, mi tía le prometió que lo iba a intentar aunque en sus planes y en su voluntad ser madre no fuera prioridad. Creí que había perdido a Alberto, que esa tarde que habíamos compartido juntos le había desagradado, que yo no era lo suficientemente mujer para él. De la tristeza esa misma noche tuve mi primera menstruación, el día en que perdí mi virginidad me convertí en mujer por completo. Para cuando le avise a mi tía lo que me ocurría Alberto ya se había ido, mi tía un poco asustada corrió por toda la casa buscando toallas femeninas, medicinas para mis cólicos y algunas revistas que ayudarán a entender lo que me ocurría, innecesario porque ya sabía lo que me pasaba gracias a la información de Alberto que incondicional me abrió los ojos a ese nuevo mundo al que llegue a muy temprano.
Mi tía y Alberto se habían reconciliado, él regreso a nuestro departamento y esta vez por más tiempo. Creí que a raíz de su reconciliación Alberto y yo no volveríamos a estar juntos pero fue todo lo contrario. A raíz de que Alberto regresó a vivir con nosotras tuvimos más tiempo para estar juntos. Cuando mi tía estaba en la casa Alberto y yo jugábamos inocentemente a las muñecas, claro que ya no era el mismo juego de siempre que poner a las muñecas a tomar el te y comprarse vestidos, ahora ya eran cortejadas por algún mozo que llevaba otras pretensiones entre ellas llevarlas a la cama. También Alberto y yo jugábamos a las luchas, pretexto para tocarnos todo lo que podíamos.
Pero cuando mi tía no estaba Alberto y yo nos encerrábamos en mi recámara y hacíamos el amor. Eso si, ya no fue lo mismo porque Alberto se dio cuenta que yo ya había menstruado.

- ¿Qué es eso? - le pregunte cuando sacó un pequeño plástico cuadrado
- Esto se llama condón, es un preservativo. Sirve para te cuides de un embarazo y de alguna enfermedad
- ¿Lo vas a usar tu?
- Claro, también hay para mujer pero por ahora usaremos estos
- Creí que querías tener un hijo
- Si, pero tu aún estas muy niña. Esperaremos algunos años mas
- ¿Quieres tener hijos conmigo? - pregunte extrañada
- Claro. Dos o tres, eso si, no quiero que quedes gorda
- ¿Y mi tía?
- Tu tía y yo somos otra cosa. Ella no me dará los hijos que quiero. Pero no te preocupes, a ninguna de las dos la voy a lastimar
- ¿Seguro? Ella no se lo merece
- Lo se, pero de ti ya no me puedo olvidar. 5 años más y tendremos nuestro primer hijo. Después de cada parto vas a hacer ejercicio. Quiero que te pongas bien buena
- Estas loco
- Por ti mi amor, por ti

A pesar de que Alberto usaba el condón y la penetración no se sentía igual, cada vez que Alberto me penetraba volvía a sentirme como la primera vez, no físicamente porque mi virginidad nunca volvió, más bien me sentía enamorada, llena de pasión y deseo. Con ese plástico resbaloso era imposible que Alberto eyaculara dentro de mi vagina, sólo sentía un pequeño palpito que me me indicaba que Alberto ya había eyaculado pero su final feliz no era mi final feliz. A pesar de no hacerme mojar con su miembro dentro de mi, sentía placentero el hecho de tenerlo sólo para mi por tan sólo un momento. Quería a ese hombre sólo para mi pero no podía arrebatarselo a mi tía porque ellos también se amaban, debíamos compartirlo aunque ella tenía más derecho por ser la primera y por ser mayor que yo aunque Alberto tenía más preferencia por mi que por ella.
Un día de abril cerca de mi cumpleaños número 11 mi tía y yo platicábamos, por alguna razón tocamos el tema del sexo y entonces mi tía comenzó a hablarme sobre el tema. No era que mi tía huyera del tema, más bien a mis 10 años aún no estaba lista para poder entender y comprender aquellos términos de penetración, coito, preservativo y demás palabras que no sólo ya conocía si no que usaba y ya había experimentado. Mi tía no dudo en abordar más el tema con ayuda profesional y me dio a leer libros y revistas que me podían ayudar. Entonces me empape de literatura sexual, iba yo en sexto año de primaria y ya sabía tantas cosas del sexo, teóricas y prácticas, quizá sabía más que mi maestra. Por saber tanto tuve problemas, se me hizo algo natural e inocente que mis amigas supieran también del tema, finalmente era nuestra obligación saber. A vivas voces y fuertes rumores la escuela se convirtió en un centro de educación de clases sexuales teóricas, lecciones que no debieron ser impartidas por mi y traicioneramente mis amigas me delataron diciéndole al director que yo había sido la que había contado todo. Mi tía se enfadó conmigo, me castigo con no salir con mis amigas aunque no hizo falta porque después de su traición dejamos de hablarnos. Pero ni eso me desanimo porque toda la diversión que quería la tenía en casa con Alberto, ya fueran juegos inocentes o juegos sexuales, con Alberto me entretenía en casa. Disfraces, fantasías, erotismo y lujuria, todo encerrado en una habitación todavía adornada con muñecas y dibujos animados en el papel tapiz. Cumplí 11 años, luego 12, 13, 14, voy a cumplir 15 y esta es nuestra situación actual.
Cuando entré a la secundaria me volví muy retraída, no quería conocer a nadie ni mucho menos a hombres. El problema fue que me desarrolle bastante, senos grandes, cintura pequeña, caderas sensuales, y mi rostro angelical atraían a mis compañeros y a maestros. Por eso tuve muchos pretendientes pero yo a quien amaba por sobré todo y todos era a Alberto. Alberto no sólo me había enseñado el arte del sexo si no también el arte del amor, éramos amantes a escondidas, seguíamos siéndolo después de varios años en que mi tía no dudaba ni un poco de la fidelidad de su pareja. Alberto se había conseguido la aventura perfecta, nadie sospechaba de él ni de nosotras, ante la gente éramos una clase de familia distinta, nueva y liberal. Todos apuntaban a que mi tía y Alberto eran felices juntos, que si no tenían hijos era porque no querían o porque eran muy jóvenes. Mucho menos alguien sospechaba de Alberto y de mi, todos lo veían como un hombre ejemplar y bueno incapaz de hacerle daño a una niña, cuando entré a la plena adolescencia más que amigos, Alberto y yo éramos como hermanos, tan buena amistad teníamos que era imposible pensar que ese mismo cariño nos lo demostrábamos en la cama aunque más fervientemente. Aunque ya era en menor medida, después de cuatro años la pasión entre Alberto y yo fue disminuyendo, imaginen cuanto tan sólo con decirles que si Alberto me veía caminando desnuda frente a él ya no se excitaba tanto como al principio. Y si eso era conmigo imaginen que pasaba o más bien que no pasaba entre mi tía y él. Yo seguía enamorada de Alberto, quería estar con él el mayor tiempo posible no importaba donde ni como, el tiempo de calidad era lo importante. Alberto también me buscaba, prefería estar conmigo que con mi tía y eso era sencillo pues mi tía pasaba menos tiempo en casa gracias a su trabajo.
Una noche mi tía le dijo a Alberto que se quedaría a trabajar hasta tarde, Alberto le dijo a mi tía que me llevaría a casa de mi amiga y también él iría a visitar a unos amigos. Todo era mentira, sólo para hacer pensar el uno al otro que la casa estaría sola. Esa noche Alberto y yo preparamos una cena deliciosa, cenamos juntos y conversamos como un par de enamorados. La casa era para nosotros, las noches que mi tía no llegaba temprano Alberto y yo dormíamos en su recámara y esa vez no iba a ser la excepción. Mi recámara ya no era la de una niña pero preferíamos la de ellos donde la cama era caliente. Entramos a la habitación pensando que nos habíamos conocido recientemente, que él siendo un señor había tenido la fortuna de conocer y enamorar a una adolescente, aunque no virgen si dispuesta a todo. Gracias a eso nos volvimos a enamorar y con ello reavivamos la pasión de tener sexo sin protección. Recuerdo esa noche con tal agrado pero al mismo tiempo con mucha tristeza.

- No te preocupes mi niña, te la saco antes de venirme - me decía lujurioso
- Como quieras amor, como tu quieras

Sentada, acostada, parada o como fuese Alberto me hizo el amor esa noche como la primera vez, sin el plástico inútil volví a sentir el remolino de orgasmos recorriendo mi vientre y mi cuerpo, chorro tras chorro mis orgasmos mojaron la cama de mi tía. Al tercer orgasmo que tuve Alberto sintió que se venía y estaba dispuesto a sacarlo antes de eyacular dentro de mi, así lo iba a hacer si no fuese porque mi tía entro en ese instante a su recámara y nos descubrió. Si, después de 4 años de románticos y prohibidos encuentros mi tía Fabiola nos descubrió a Alberto y a mi haciendo el amor. Nos quedamos en shock, los 4. Si, éramos 4 en esa recámara. Mi tía había llegado a casa con un acompañante, un desconocido porque ninguno lo conocía, creo que ni ella. Sin palabras nos quedamos todos, el único que emitió un gemido fue Alberto que no pudo sostener su orgasmo y expulso todo su semen en mi vagina, mi tía no daba crédito a lo que veía, miro mi vulva depilada babosa de semen de quien consideraba su marido y exploto de rabia. Poco falto para molernos a golpes a Alberto y a mi, pero hizo algo más inteligente que fue salir de la casa y despejar su mente. Alberto corrió detrás de ella, el amante desconocido de mi tía también salió más para huir que por ir a buscarla. Yo me quede en la cama, asustada, cansada, cobarde. Sabía que habría repercusiones serias y muy fuertes, recordé lo que me había dicho Alberto, nuestro amor era ilegal y lo sentía más por él que por mi tía, no quería que Alberto fuera a la cárcel, lo de mi tía con otro amante se arreglaba. Me quede dormida, del miedo no recordé limpiar mi vagina del semen de Alberto, no dormí ni 1 hora cuando a la media noche me despertaron los gritos de Alberto, le reprochaba a mi tía de haberlo traicionado con un desconocido a quién se encontró en un bar, más estaba él molesto por esa traición que lo que estaba mi tía por recibir tal puñalada por la espalda, nunca pensó que su sobrina a quien cuido como una hija, le arrebatará al marido.

- Eres un desgraciado, todavía te pones digno. Yo debería de ser la ofendida, te pasó todo pero que te hayas revolcado con mi sobrina no tiene madre - gritaba mi tía
- Y tu de que hablas perra, ibas a acostarte con un extraño que conociste en un bar donde seguramente andas de golfa todas las noches - respondía Alberto
- No tiene caso que nos insultemos. Discutir contigo es inútil. Eres un enfermo depravado y vas a ir a la cárcel
- ¿Tu me vas a enviar a la cárcel?
- Obvio, si no quien. Te puedo demandar, por abuso infantil, pedofilia, y lo que resulté. Te puedo mandar a la cárcel y te darán muchos años que vas a olvidar que alguna vez estuviste libre - amenazo mi tía

Mi tía hablaba en serio, nunca la vi tan decidida a hacerlo y que pena que fuera en contra de Alberto. Yo estaba muerta de miedo, no quería que Alberto fuera a la cárcel sólo por haberse enamorado de mi. Pero yo que podía hacer, una niña no tiene manera de defender su amor

- Saldré y cuando lo haga Daniela estará esperándome. Y entonces si nada ni nadie podrá evitar que estemos juntos - dijo Alberto muy seguro
- ¿Tu crees que te va a esperar? Eres muy lindo y todo lo que quieras pero tu no serás siempre así. Una vez que envejezcas, para Daniela serás un estorbo, una vergüenza - dijo mi tía Fabiola humillando a Alberto
- ¿Qué quieres? - pregunto Alberto tratando de negociar
- De ti ya nada. No podría estar con un hombre que se revolcó hasta donde quiso con mi sobrina. Que la uso todo lo que quiso para su placer
- Para ya Fabiola. Dime que quieres, dinero

Lo que mi tía menos buscaba era dinero, no carecíamos de ingresos y ese chantaje no lo podía usar Alberto.

- Dime que quieres, sea lo que sea te lo daré - suplico él
- No quiero nada, en todo caso quien debe darte a elegir soy yo... Te olvidas de ella y te quedas conmigo, o vas a la cárcel - negocio mi tía
- ¿Me pides que me quede contigo a la fuerza?
- No tiene que ser a la fuerza. Debes de entender que lo nuestro fue primero, y es mejor que lo que tienes con Daniela
- No puedo dejarla. La amo, y ella a mi
- Entonces prepárate, mañana a primera hora iré a poner la denuncia en en ministerio público, quizá mañana mismo ya estés pisando la cárcel - amenazo mi tía dejándolo sólo en la cocina
- Espera Fabiola, no puedes separarme de ella así. Tu tuviste la culpa, por tu ineficiencia para ser madre fue que Daniela estaba llena de dudas de un tema que debiste de hablarle
- Le hablé de sexo, cuando debía de saberlo. En cambio que hiciste, te la llevaste a la cama y la violaste, te aprovechaste de su ignorancia y de su inocencia
- ¿Inocencia? Esa niña ya estaba pervertida, y fue por tu culpa
- Basta, ya estoy harta. Esa es mi condición para no enviarte a la cárcel. Es más, voy a agregar algo ya que estoy en mi derecho y te tengo en mis manos - advirtió mi tía a Alberto que ya estaba hundido
- No te denunciare si te olvidas de mi sobrina, te quedas conmigo y desistes de la idea de que te de un hijo. Yo no voy a embarazarme nunca, tu deseo de ser padre conmigo se va a morir por completo
- Pero... - pretendía replicar Alberto
- Esa es mi condición y creo que no tienes elección. Estoy dispuesta a olvidar todo, incluso voy a perdonar a mi sobrina si aceptas
- No puedo, pídeme otra cosa pero eso no - dijo Alberto
- No quiero nada más. Te estoy dando la oportunidad de no desperdiciar tu vida así, y de que te quedes conmigo
- Si sabes que no te amo por qué me pides que me quede contigo - pregunto Alberto extrañado de tal negociación
- Porque desde el día que te conocí supe que eras para mi y no quiero que mientras estés conmigo pienses en otra, mucho menos en mi sobrina
- ¿Y que harás con ella si acepto tu oferta? Estando cerca de Daniela no voy a poder cumplir lo que me pides
- No te preocupes, ya pensé que hacer con ella
- ¿Qué harás? - pregunto Alberto tratando de investigar mi futuro
- Eso ya no te importa. Dime, ¿aceptas o no?

Mientras Alberto tomaba la decisión de su vida, mi tía Fabiola entro a mi habitación y comenzó a echar mis cosas en mi maleta. Trate de explicarle y de pedirle perdón pero ella no respond
 



Relato: Curiosa
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