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Relato: Emma, tenista

Relato: Emma, tenista

  Por fin mi adorable novia Emma accedió a venir a jugar a tenis conmigo. Ella no es muy amante del deporte, pero yo soy un entusiasta de cualquier forma de ejercicio. Yo sabía que a Emma le gustaría probar el tenis y que juntos lo pasaríamos muy bien. Cuando la vi cambiada en la puerta del vestuario femenino pareció que salía el sol. Y eso que este domingo 29 de junio era un día nublado! Estaba más guapa que nunca! Estrenaba un vestidito blanco, muy cortito y escotado que le sentaba de fábula!
- Emma, estás muy guapa de tenista!
- Muchas gracias, Eduardo! Qué amable eres!
- Seguro que eres la más bonita de todas las pistas!
- Ya será menos, anda, vamos a jugar, a ver cómo me va.
- Te irá muy bien, Emmita. Seguro que te va a gustar mucho!
- No sé, no sé.
Empezamos a pelotear un poco y, claro, la verdad es que mi novia no daba una. Quedé muy sorprendido cuando al agacharse para recoger del suelo la pelota, mi novia me mostró todo el culo! Ella se dio cuenta y me riñó:
- Eduardo, qué estás mirando?
- Eh? No, nada, es que… no, nada!
- Me estabas mirando el trasero! Ay, que pillín que eres!
- No, no, de verdad que no! Venga, lanza la pelota, Emma!
- Me parece que no debía haberme puesto este tanga rosa tan bonito!
- Bueno, no sé. El vestido es muy corto y… claro… Normalmente las chicas suelen ponerse unas bragas grandes bajo el vestido de tenis.
- Pero, es que no te gusto así?
- Cómo quieres que no me gustes, Emmita? Va, lanza la pelota de una vez!
- Ay, que antipático. Toma la pelota! – y le dio un golpe que fue a parar a la pista de al lado – Uy, vaya! No te preocupes, ya voy yo a buscarla!
Mi novia salió de nuestra pista y fue a por la pelota a la de al lado, donde estaban jugando un partido de dobles.
- Perdonen, señores, es que sin querer mi pelota cayó en su pista!
- Mujer, no pasa nada, es muy normal! – contestó un hombre maduro muy elegante.
Los cuatro jugadores quedaron encantados cuando vieron agacharse a mi novia y les enseñó las nalgas y el pequeño tanga rosa.
- Guapa, tranquila, suele suceder que una pelota vaya de una pista a la otra! – dijo muy simpático un chico joven con bigote.
- Sí, eso nos ha pasado a todos! – añadió un joven alto.
- Seguro! Y no te preocupes si te volviera a suceder! – la tranquilizó un joven con el pelo largo.
- Muchas gracias, caballeros!
Al volver conmigo, Emma dijo: - Estos señores son muy amables y simpáticos, Eduardo. No se enfadaron en absoluto.
- Claro que no, Emma. Hala, lanza la pelota, a ver si jugamos un poco!
- Sí, ahí voy! Uy! Vaya! Otra vez! – gritó Emma cuando le dio tan fuerte y tan mal que directamente mandó la bola a la pista de al lado. – Voy en un momento a buscarla!
- Deja, deja, Emma. Ya voy yo. O, mejor, ya nos la lanzarán!
- No, no, Eduardo, no les molestemos!
Cuando mi novia fue a la otra pista y se agachó para recoger la pelota, los cuatro jugadores se asombraron al verle casi todo el pecho por encima del vestidito blanco.
- Hija, no te preocupes, que al principio cuesta un poco, pero luego el tenis es muy divertido! – dijo el hombre maduro.
- Gracias, señor! No volveré a molestarles más!
- Si no molestas, de verdad, para nada! Tranquila, juega y aprende!
Cuando volvió a nuestra pista, Emma dijo: - Dicen que no les molesta que nuestra pelota caiga en su pista. Son muy amables!
- Claro que no, mujer. Hala, va, deja, ya te tiro yo la pelota. A ver si la pillas!
- Ay, uf… no tan fuerte, Eduardo!
- No, si te la pasé flojita! A ver, toma esta!
Emma no acertaba ni una bola!
- Emma, échale un poco más de ganas, mujer!
- Eduardo, hago todo lo que puedo! Pásamelas mejor!
- Toma esta!
- Ay! No… sí… hm – con un gritito le dio a la pelota por fin, pero… la mandó a la pista de al lado.
- Ya voy, Eduardo, no te enfades!
- No, no me enfado, pero así no se puede jugar, es muy aburrido!
- Ya te decía yo que el tenis no es la mío!
- Ya, pero… qué es lo tuyo? Qué deporte?
- Oh, Eduardo, no eres nada amable conmigo! – y se fue a buscar la pelota. Sin querer esta vez asombró al señor maduro y al joven alto al mostrarles el culo y alegró la vista al chico con bigote y al del pelo largo al enseñarles sus bonitos pechos.
- Niña, no te ruborices, no nos molesta que vuestra pelota caiga aquí de vez en cuando. – la tranquilizó el señor maduro.
- Me sabe mal, lo siento!
- No te pongas triste, bonita! – la consuela el joven del pelo largo.
- Es que mi novio… no tiene paciencia conmigo… se enfada porque no sé jugar al tenis.
- Vaya, qué poca paciencia tienen algunos!
- No, es verdad que no juego nada bien!
- Nadie nace enseñado, mujer!
- Ya, pero él…
- Emma, vienes o qué? Que es para hoy!
- Ven ustedes? Lo que les digo!
- Bueno, paciencia mujer!
- Sí, la verdad es que hace falta mucha paciencia!
Cuando volvió a nuestra pista, Emma estaba muy seria. Yo le dije: - Va, a ver, te paso la pelota muy suavemente, de acuerdo?
- No sé, como quieras. Me gustaría que fueras amable como esos caballeros!
- Venga, Emma, ya está bien! Esos lo que deben de hacer es comerte con los ojos! Así vestida!
- Que desagradable que eres a veces, Eduardo!
- No, va, no te enfades, mujer. Mira, va, una pelotita muy flojita…
Pude ver como los hombres de al lado prácticamente no jugaban, sólo miraban como espectadores privilegiados los movimientos de mi novia. Emma corrió con todas sus fuerzas y sus pechos se balanceaban bajo el vestido y casi por entero por encima del escote. Al darle a la pelota, gritó con tanta sensualidad que se oyó un “oh” de la otra pista. Pero la cuestión es que le dio bien y se la puede devolver suavemente. Quedó un poco baja pero ella corrió y de nuevo todos pudimos ver el balanceo de sus pechos. Cuando flexionó bien sus piernas para darle a la bola, mostró casi todas sus tetas. Gritó muy voluptuosamente y la pelota… a la otra pista! Los cuatro jugadores aplaudieron a mi novia!
- Muy bien, ves? Has jugado muy bien! – la animó el joven alto.
- Oh, gracias, que amables que son conmigo!
- Oye, Emma! Una pregunta… que sostén usas? – le dije escamado.
- A qué viene ahora esa pregunta?
- No, bueno, es que…
- Pues mira, para que te enteres: no llevo sostén, vale? Este vestido es muy escotado y se me iba a ver el sostén. Y pensé que no te iba a gustar que todo el mundo lo viera.
- Ya, bueno, pero es que así…
- Qué pasa, Eduardo? Tampoco te gusta cómo me queda el pecho con este vestido?
- No es eso, mujer!
- Pues debes saber que el sostén no me hace falta para nada! Mis pechos son muy firmes. Y, si no te gusta, pues te aguantas!
- Me gusta, me gusta.
- Voy a buscar la pelota!
- Vaya!
- De verdad, Eduardo! Estás inaguantable! – y se fue corriendo hasta la otra pista.
Los cuatro hombres la recibieron muy acogedoramente, admirando el balanceo de su pecho. Cuando recogió la pelota, al ver la panorámica de su espléndido trasero, todos aplaudieron de nuevo.
- Hija, de verdad que estás jugando bien.
- Pues mi novio no opina lo mismo!
- Ya. Oímos eso de que no llevas sostén.
- Bueno – ella se ruboriza -, es que este vestido…
- Nosotros pensamos que es muy buena idea. Estos vestiditos de tenis no tapan mucho y no queda elegante ir enseñando el sujetador o las braguitas. – opina el joven del bigote.
- Verdad? Es lo que yo pensé.
- Pues estuviste muy acertada! Además, tu pecho parece muy firme y no necesita sujetador!
- Oh, son ustedes muy amables.
- Y, por lo que vimos, tampoco usas braguitas!
- No, oh! – más ruborizada todavía – Sí, claro que llevo bragas! Sólo que… bueno… quizá no lo parezca porque… bueno… es un tanguita muy pequeño!
- Ah, claro! Así se entiende! Pues tuviste muy buena idea, porque no queda muy elegante ir mostrando las bragas a todo el mundo. Y si el tanga es tan pequeño, claro, no se ve!
- Oye, Emma, vienes o qué? Qué es tanta cháchara?
- Eduardo, por favor, no me hagas quedar en ridículo con estos caballeros!
- Oye, ya me estás hartando!
- Sólo estamos hablando un momento. Son muy amables!
- Mira, ya está, yo me voy! Estoy harto! – muy enfadado tira la raqueta al suelo y se va para el vestuario masculino.
- Eduardo, pero… ya está bien!
- No te preocupes, hija, ya le pasará!
- Oh, me sabe mal! Es que le quiero mucho! Y nos vamos a casar!
- Claro, claro. Bueno, en todas la parejas sucede alguna vez alguna riña.
- Oye, guapa. Eso que decías del tanga, a ver, de verdad que lo llevas? Lo podemos ver? – le pregunta el del pelo largo.
- Eh, no! No, de ninguna manera!
- Claro, claro! Oye, mira, quieres que te enseñemos a jugar a tenis?
- No, es que soy muy patosa! Y, además, debo irme con mi novio. Le sabría mal si me quedara, saben?
- Claro, claro. Solo unas pelotas. Ven, mira! – el señor maduro se pone tras ella, le coge la mano derecha y le acompaña el brazo con un movimiento suave – Ves? Así!
- Que bien que me explica usted, caballero!
- Y luego, si viene por la izquierda, así, de revés – sigue explicando el señor maduro, con el cuerpo cada vez más pegado al de mi novia.
- Bueno, gracias, yo me debo ir! – avisa Emma cuando nota crecer el pene del señor en sus nalgas, bajo el pantalón, y se va corriendo, mostrando su culito y de nuevo el baile de su pecho.
- Vale, como quieras!
- Adiós, han sido muy amables!
- Tú lo vales, guapa!
Ya en el vestuario femenino, mi novia se siente acalorada y confusa. Se mira al espejo y se descubre muy guapa, con las mejillas coloradas, un pecho espléndido, unas piernas perfectas. Se da la vuelta y ve lo bien que le queda el vestido. Se agacha un poquito y comprueba que al hacerlo muestra todas las nalgas.
- Claro, ahora entiendo por qué esos señores tan amables pensaron que quizá no llevaba braguitas.
Se quita el vestido y ve que tiene algo húmedo el tanga. Se lo quita y, al lamerlo, comprueba que no es sudor. Acerca un dedo a su vulva.
- Me he puesto algo caliente con esos señores tan amables! Me voy a duchar enseguida. Aunque… hum… tango ganas de…
En ese momento oye voces en el vestuario masculino: - Pues mira que está buena la chica! Yo le daría clases particulares de tenis, gratis!
- Vaya, y yo! Y no sólo de tenis, de lo que quisiera!
- Yo incluso pagaría por darle clases!
- Pero habéis visto que culo que tiene?
- Sí, y debe ser algo fresca, porque nos lo iba enseñando todo el rato y también el pecho!
- Vaya, y esos grititos? Seguro que lo hacía para calentarnos!
- Y eso que tiene novio!
- Debe ser un cornudo!
- Bueno, es que con una tía así, tan buenorra, cómo no va a ser cornudo?
- Sí, pero, mira, nos ha dejado con las ganas! Tan fresca no será!
- Oh, vaya, esos señores tan amables han pensado que no soy fiel a mi novio! Me sabe mal! Pero estos comentarios, me han calentado más todavía. La ducha puede esperar un momento!
Se tumba en el banquillo, boca arriba, y se empieza a manosear el pecho. Enseguida comienza a jugar con su vulva y su clítoris. No puede evitar unos suspiros y gemidos.
- Eh, un momento! Habéis oído eso?
- Qué? Yo no oí nada!
- Ah, vaya! Me lo habré imaginado!
- Oh, debo vigilar de no hacer ningún ruido. Ay! – se introduce cada vez más dedos en su vagina. Los saca, los huele y los lame – la verdad es que estoy muy rica! Hum!
Entonces ve la raqueta y le pasa una idea por la cabeza. Sonríe pícaramente. La toma por el mango y la lame. Luego la chupa: - Que bonita, así, toda rosa! A ver… - e intenta introducir la punta del mango en su vagina, pero no puede al ser demasiado grueso. Acaricia su ano con la raqueta, luego la vulva y el clítoris. Ahí se detiene y se lo masajea delicadamente, luego con fruición. Está muy caliente, nota como su flujo vaginal aumenta y humedece la vulva, el culo y el banquillo. Vuelve a intentar penetrar su vagina con el mango de la raqueta rosa y ve con mucha satisfacción que ahora sí le cabe la punta.
- Oh, ah! – no puede reprimir suspirar y gritar al llegar al orgasmo.
- Eh, oye, estás ahí, guapa? – Dice el señor maduro.
- Oh, ah! Pero qué hace usted aquí, en el vestuario de señoras?
- Venía a traerte la raqueta de tu novio, perdona. Pero… y tú. Qué haces…? Uy, no, no hace falta que me lo digas! – dice el señor maduro al entrar y ver a mi novia tumbada de espaldas, totalmente desnuda y ensartada con la raqueta. Ella intenta taparse los pechos con una mano y la vulva con la otra.
- Por favor, no mire, caballero!
- Oh, sí, perdona, pero eso es imposible! Pero si tienes la raqueta en… oh! Ya entiendo! Estabas tan caliente que… Eso se avisa, mujer!
- Oh, váyase, fuera!
- Quieres que te ayude? Pero si has mojado completamente el banquillo!
- Se lo ruego, fuera! – y en ese momento consigue apartar la raqueta de su vagina, mostrándola completamente abierta y húmeda al caballero.
- Hija, pero si estás que rezumas! Espera, no te preocupes, yo…
- Que se vaya!
El señor se va temiendo que mi novia gritase demasiado y pudiera aparecer yo. Pero antes le dice, sin apartar los ojos del sexo de mi Emma: - Mira, te dejo aquí la raqueta de tu novio. A lo mejor también la puedes necesitar!
- Oh, ya está bien, pero que se ha creído? Fuera!
- Qué pasa, papá? Qué son esos gritos? – aparece por una ventanita el joven alto – Oh, vaya, perdona, chica! Pensaba que mi padre estaba aquí!
- No, no está aquí, y no mires! – replica al joven cubriendo sus pechos y su sexo con ambas manos.
- No, no, ya está, adiós!
Emma se pone el vestido instintivamente. Busca su pequeño tanga pero no lo encuentra. Piensa: - Ya se han ido. Qué descarado que ha sido ese señor maduro! Y eso que parecía educado. Mira que decirme que a lo mejor también necesitaría la otra raqueta! Aunque… - se toca la vulva y ve que está muy caliente y húmeda. Mira con deseo las dos raquetas. Escucha por si oye algún ruido en el otro vestuario y se asegura que ya no hay nadie. Se pone a cuatro patas encima del banquillo, chupa el mango su bonita raqueta rosa y de golpe se lo introduce de nuevo en su vagina. Esta vez le entra hasta la mitad. Coge la de su novio y se entristece al ver que el mango es mucho mayor y grueso y que no le iba a caber. Así y todo, empieza a lamerlo con gusto. Se lo acerca al clítoris y lo acaricia con delicadeza. Lo vuelve a lamer y a mordisquear. Se detiene por un momento al parecerle oír un ruido. Ve que es una falsa alarma y sigue jugando con las dos raquetas. Se quita la rosa, la lame y disfruta de su rico sabor. Vuelve a mirar mi raqueta y la acerca a su vulva. Ve sus labios abiertos y mojados y se da cuenta de que puede lograrlo. Primero introduce un poco la punta pero ve que el grueso mango cabe y no duda en metérselo hasta el fondo. No puede reprimir jadear y suspirar. Se sube un poco la faldita y masajea su culito con la raqueta rosa. Al estar tan húmeda, entra suavemente en el agujerito. Empieza a gritar sin control al tener un orgasmo increíble. No cesa de mover las dos raquetas en sus agujeros y lame los cordajes de la mía.
- Oye, guapa, quieres otra raqueta? Nosotros te dejamos las nuestras!
Mi novia no entiende de dónde viene esa voz pero no puede parar de masturbarse con las dos raquetas y consigue un multiorgasmo incesante. Desde la ventanita, los cuatro tenistas disfrutan de la visión de Emma suspirando y gritando, a cuatro patas, con una raqueta en su culo, otra en su vagina y lamiéndola con fruición.
- Sigue, sigue, pero te venimos a ayudar!
- Eh, no, ay, hm, no por favor! – Emma se saca las dos raquetas, se pone de pie, se baja el vestidito pero ve que casi muestra todo su pecho. No encuentra sus braguitas.
- Hola, niña!
- No, márchese, caballero, voy a gritar!
- Más todavía? Tranquila, tu novio no te va a oír. Hace mucho que salió hacia el coche.
- Por favor, no sea maleducado, señor!
- No, no, al contrario, mujer. Soy tan educado que te voy a ayudar. Verás cómo te gusta!
- Ya le dije que me voy a casar. Y nunca sería infiel a mi novio! Nunca!
- Mira, no tienes por qué ser infiel. Simplemente, yo te ayudo con las raquetas y ya está. Y mi hijo y mis sobrinos, lo mismo- aparecen los tres jóvenes tras el señor mayor.
- Fuera, este es el vestuario de chicas, no pueden estar aquí! Eduardo! Eduardo!
- Ya te digo, no grites, que no te puede oír. Además, imagínate que viene y te encuentra aquí con nosotros cuatro. Y además así, sin braguitas y caliente como una mona!
- Uy, sí! Eduardo iba a pensar mal. Es muy celoso!
- Mira, ven, tiéndete así, de espaldas, en el banquillo.
- No, no!
- Tranquila, no te vamos a hacer nada que no quieras, de verdad. – El señor maduro acompaña a mi novia y la tumba en el banquillo. El joven alto le sube el vestido y admira su pubis completamente rasurado, los labios hinchados, colorados y húmedos de su vulva.
- Pero que haces? No me subas la falda!
- Eres muy bonita! No te avergüences de mostrarnos tu coñito! – y el joven del pelo largo separa las piernas de la chica y le abre un poquito los labios. Ella responde sin querer con una bocanada de flujo.
- Oh! Ah! – no puede evitar unos suspiros.
- Mira tu bonita raqueta rosa! Todavía está húmeda! Huele muy bien! Me la dejas probar un poco? – pregunta el joven con bigote.
- Oh, no, es que la tuve en… mi vagina… y en mi culo. – confiesa Emma ruborizada.
- Deja, deja, a ver! - Y la saborea con placer - Está muy rica! Quieres la raqueta, guapa?
- No, no, pero qué dices? No! Bueno, quizá un poquito! – se muere de ganas pero intenta disimularlo sin conseguirlo.
El joven con bigote acaricia la vulva y el clítoris de mi novia. No cesa de emitir flujo. Ella no puede evitar pedir: - Un poquito más, por favor.
- Seguro, guapa, seguro? Sólo lo que tú quieras? Seguro?
- Sí, sí, por favor!
Y el joven con bigote penetra fácilmente a mi novia con el mango de su raqueta rosa. Ella empieza a jadear. El joven del pelo largo mantiene sus piernas abiertas. Un nuevo multiorgasmo sacude a la chica. El mango, completamente mojado, no para de entrar y salir con facilidad de su vagina.
El joven alto coge mi raqueta y pregunta:
- Puedo lamerla un poco?
- Sí, todo lo que quieras!
- Hm, que buena está? La quieres?
- Sí! Pero no puede ser! Es muy gruesa! Tu primo me está penetrando con la mía! Y la de mi novio, tan grande, nunca me cabria en el culo!
- Bueno, es no se sabe, por probar que no quede.
- Sí, inténtalo, inténtalo! – suplica mi novia.
El joven del pelo largo sube más las piernas de Emma para que su ano se muestre fácilmente a todos. El joven alto se da cuenta que el agujerito es muy pequeño. Entonces tiene una idea:
- Chica, tienes un culo muy bonito, rosadito como tu raqueta. Puedo tocártelo un poco a ver si puedo abrirlo?
- Sí, sí, por favor! Quiero la raqueta de mi novio dentro!
- Eso será difícil. A ver… - el joven alto masajea el ano Emma, intenta abrirlo, pero apenas lo consigue unos centímetros. – Oye, chica, puedo lamértelo un poco, a ver si así…
- Lámelo, sí, cómeme todo el culo, sí!
- Hum, que bueno está! Puedo meterte el dedo dentro?
- Claro, méteme un dedo y todos los dedos! Ábrelo, por favor!
El joven consigue introducir un dedo e incluso dos en el culo de mi novia, que está humedecido por su saliva. Así y todo, comprueba que la raqueta no puede caberle.
- Tengo una idea. Mira! – el joven alto baja su pantaloncito y muestra el peno erecto a Emma. Ella se sorprende. Ve como la punta de la verga está muy húmeda.
- Te importa que te ponga un poco de mi líquido lubricante en el ano y así será más fácil que la raqueta pueda entrar?
- Sí, de acurdo, hazlo por favor!
El joven alto acerca su pene al culito de Emma y le va depositando el líquido en el ano. Con la puntita lo va repartiendo por los alrededores del agujerito e incluso lo introduce dentro. Entonces se excita tanto que no puede evitar correrse. – Ay, no, ay, hum, lo siento, me corro, me corro!
- Por favor, mira que el líquido vaya a mi ano! – dice excitada Emma.
- Sí, sí, así, todo en tu culo! Ah! Uy!
- Oh, gracias! Que caliente!
El joven del pelo largo, sin soltar las piernas de mi novia, no puede resistir más y se saca el pene en dirección al culo y la riega abundantemente con su semen. Ella lo agradece sinceramente. El joven del bigote no quiere ser menos y aún sin dejar de penetrar a la chica con la raqueta, ducha su culo con una gran eyaculación.
- Que buenos y amables son conmigo! Y todos me regaron el culo! Gracias! Y usted, caballero? No sería tan amable de darme su semen?
- Uy, niña, pues, sí, me gustaría.
- A ver, déjeme ver su pene, caballero!
- Mira, hija!
- Oh, es muy gruesa, señor! Pero no está erecta. Sólo un poco morcillona.
- Sí, hija, sí, Y así no puedo eyacular en tu ano.
- Necesito mucho semen si no la raqueta de mi novio tan gruesa no podrá entrar!
- Ya, pero, así, si no tengo una erección…
- A ver, señor… antes vi que usted miraba mi pecho. Querría verlo?
- Niña, pues claro! Es muy bonito!
- Pues mire usted! – ella baja un poco el escote y es suficiente para mostrar casi todos sus pechos. – quiere un poco más?
- Sí, sí, por favor!
- Pues mire atentamente, caballero! – y baja algo más el escote y aparece algo de aureola ante la vista de los cuatro.
- Un poco más, un poco más, niña!
- Bueno, ya está, así – y muestra completamente sus bonitos pechos a todos.
- Oh, puedo tocarte las tetas?
- Sí, y, por ser usted, las puede lamer y besar!
Al oír estas palabras, el señor maduro empieza a notar algo de erección. Lame, besa y mama los pechos de mi novia con delicadeza. Ella los coge con ambas manos y se los ofrece en su totalidad.
- A ver, uy, usted ya empieza a tener su pene erecto! Pero que grande que es! Por favor, señor, quiere metérmelo entre mis tetas? Pero no se corra en ellas, eh, que quiero su leche en mi culo!
- Oh, eres un ángel, gracias!
Con el vestido blanco sólo de cinturón, mi novia disfruta de una cubana del señor maduro hasta que este avisa: - Ay, que me viene, que me viene! – y corre hasta disparar su semen en el culo de la chica.
Enseguida, el joven alto, que vuelve a estar empinado como también sus primos, acerca mi raqueta a Emma y humedece el mango en la lefa de los cuatro tenistas. Mientras el joven del bigote sigue el mete-y-saca de la raqueta rosa en la vagina de mi novia, el joven alto consigue meter la punta de mi raqueta en su ano. Ella grita de satisfacción: - Sí, así, pero más, más! – y el joven alto le penetra más y más el culo con mi raqueta. Ella estalla en un sonoro y húmedo orgasmo. El joven del pelo largo se acerca con su raqueta roja y la introduce delicadamente en la boca de mi novia. Ella se relame con gusto, todavía en su multiorgasmo. Al verlo, el señor mayor coge su raqueta negra y la introduce entre los rotundos pechos de la chica. Los cuatro hombres mueven con esmero las raquetas y mi chica no puede cesar de gritar y sollozar de placer. El joven del bigote saca la raqueta rosa de la vagina de mi novia y la penetra con contundencia con su raqueta marrón. Enseguida vuelve a acercar el mango de la rosa y, sin apenas dificultad, la penetra también con esta. Ella grita de gusto. El joven alto tiene su raqueta blanca y le pasa una idea por la cabeza, pero la ve imposible. Aún así, al ver que tanto él como su hermano y su primo vuelven a tener una erección, quiere intentarlo. Con un gesto, les indica que dejen de mover las raquetas y que acerquen la punta de sus miembros al culo de Emma. Los tres se masturban hasta que riegan el ano de la chica y lo empapan con su semen. Ella agradece de nuevo su eyaculación. Mira al señor maduro y dice:
- Y usted, caballero? No tiene más lechecita para mí?
- Uy, pues ya ves, chica, no estoy empinado.
- Esto se arregla. Venga, venga, folle mi boca, junto a la raqueta del joven del pelo largo. Así, así! Ve cómo crece? Hm! Casi no me cabe! Que rica! Uy, empieza a sacar algo de jugo! Por favor, vaya a mi culo, a mi culo! Corra! – El señor maduro dispara con gusto todo su abundante semen en el culo de mi novia. Enseguida, el joven alto toma su raqueta blanca, que es la que tiene el mango más grueso, y la baña en el semen de los cuatro hombres que está en el culo de Emma. Y consigue introducir algo la raqueta junto a la mía. Al notar con placer tan lleno su culo, mi Emmita vuelve a volar en un nuevo y estruendoso orgasmo. Así su culo se abre algo más, y la raqueta blanca acompaña hasta el fondo a mi raqueta. El joven del bigote, que mueve las dos raquetas con precisión en la vagina de Emma, coge su teléfono móvil y fotografía a Emma con las dos raquetas en el culo, las dos en su vagina, una en las tetas y otra en la boca. Ella mira a la cámara con satisfacción y placer. Guiña un ojo con picardía.
- Oye, no tenéis más raquetas para mí?
- Cómo, aún quieres más raquetas, hija? Pues no, no hay más por aquí!
- Es que veo que el tenis me gusta mucho! – y sonríe pícaramente. – Pues si no hay más raquetas, dadme vuestras pelotas! Venga, acercaros, por favor!
Los cuatro hombres cogen sus testículos y se los regalan a mi novia, que los acaricia con placer, los acerca a su boca, los lame, aún con el mango de la raqueta roja en su boca. Los jóvenes no tardan en volver a excitarse y cuando ella lo ve, dice: - Bueno, si no hay más mangos de raqueta, quizá estos manguitos también servirán! – y les guiña un ojo. El joven del bigote es el primero en reaccionar y se acerca a la vulva de Emma. Mueve las raquetas con precisión y consigue espacio para penetrar a la chica. El joven del pelo largo hace que Emma se trague todo su pene y su escroto junto a la raqueta roja. Y el alto va hacía el culo de la chica. Con los dos mangos ensancha el ano de Emma hasta que consigue encularla también con su erguido pene. Los tres jóvenes penetran a la chica con ganas y ella no puede más que llorar de placer para luego reír de gusto. El señor maduro se masturba pero no consigue tener una erección. Ella se da cuenta y le acerca el pene a sus tetas y le hace una cubana junto a la raqueta negra.
- Por favor, dadme toda vuestra leche por todas partes, venga, por favor!
Los hombres no se hacen de rogar y eyaculan en la vagina de mi novia, en sus pechos, en su boca y en su culo. Ella explota en otro orgasmo de felicidad.
- Uy, se ha hecho muy tarde, Eduardo vendrá en cualquier momento a buscarme. Por favor, sacadme las raquetas y vuestros penes, aunque los querría siempre dentro. Gracias, amigos, sois muy amables y educados.
- Tú te lo mereces, chica. Que bien que te guste el tenis! Mira, te dejo estas dos pelotas de recuerdo. Espera, verás, mira ven, a ver, súbete el vestido!
Ella muy obediente vuelve a mostrar todo su culo y su vulva los cuatro tenistas. El señor maduro acerca la pelota de tenis a los labios de la chica y la introduce en un momento en su vagina.
- Oh, pero, ua, qué gusto!
Espera, espera, esto no es todo. A ver, déjame abrirlo un poco, hum, que bonito!
Y le introduce la otra pelota en el ano: - Así, con las pelotas dentro, no te vas a olvidar de nosotros.
- Oh, pero qué placer, gracias! Me gusta el tenis, sí! Adiós, adiós, marchad, por favor! No tengo tiempo ni de ducharme, es muy tarde! Eduardo se va a enfadar. Qué amables han sido estos señores! Ya me ducharé en casa. No encuentro el tanga. Se lo habrán llevado ellos de recuerdo. Bueno, se lo merecen, la verdad! Me pongo las otras braguitas limpias y ya está. Pero… vaya! La bolsa abierta! Pero… serán…!? También se llevaron las braguitas limpias! Y el sostén! No se lo reprocho, la verdad es que las braguitas son muy bonitas y el sostén también. Se ganaron estos obsequios. Y yo también tengo los míos! Hum! Ay!

- Eduardo, perdona que tardara tanto!
- Demasiado, ya me iba a marchar!
- No te enfades, es que… He practicado un poco con esos señores tan amables, con las raquetas, con las pelotas!
- Te habrán comido con los ojos!
- Han sido muy amables y educados, de verdad! Unos caballeros!
- No sé, no sé! Y no te has duchado todavía. Pero hueles muy bien! Y así tan coloradita estás muy bonita!
- Gracias, Eduardo! Tú estás muy guapo, también. Aunque te veo enfadado!
- No me parece bien que vayamos por la ciudad así, con este vestido tan escotado y tan corto. Te deberías haber vestido bien! A ver si se te van a ver las braguitas y todo!
- No, por eso no te preocupes, amor. Eso es imposible! Tranquilo! Ay! – siente con placer las bolas de tenis en su vagina y en su culo – Hm, te quiero, Eduardo!
- Yo también te quiero, Emma!
- Venga, dame un besito! Hum! Ay! Qué rico!
- Gracias!
- Sí, ay, hum, qué placer!

 



Relato: Emma, tenista
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