webcams porno webcams porno webcams porno



Pulsa en la foto
Miriam - 19 anos
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real



Pulsa en la foto
Vanesa - 22 anos
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real"


Pulsa en la foto
Lorena - Edad 19
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real"


Relato: Mujeres putas... ¡putos hombres!

Relato: Mujeres putas... ¡putos hombres!

  

MUJERES PUTAS… ¡PUTOS HOMBRES!



Por mucho que lo intenté, no logré desprenderme de esa
enfermiza ansiedad. Frente a la puerta, a dos centímetros escasos del pulsador,
me poseyó la misma excitación que sentí la primera vez que fui de putas, yo
solo, como siempre. Después de espiar brevemente tras la mirilla, una señora
entreabrió la puerta y me invitó a pasar. Noté una atmósfera extraña, de tenues
luces, de intimidad casi maternal.


La casa era antigua, de techos altos, muy céntrica y hasta
cierto punto, rancia. Tras seguirla unos metros por el pasillo de crujiente
parquet, me acomodé en un pequeño recibidor. La señora, de pie frente a mí,
sonrió tímidamente: "¿qué servicio quieres?", preguntó con estudiada amabilidad.
Yo tenía muy claro (antes había llamado) que sólo quería follar, por el precio,
claro, pero me hice el ignorante y le pedí que me contara cuáles había: "los
tienes desde 5000, que es un completo, con un poquito de francés al principio.
Una hora 10000, con dos chicas 7000 y si quieres algo especial, hablaríamos del
precio".


No voy a negar que no valoré lo del trío, una vieja fantasía
que había repetido en mi mente tantas veces. Me veía a mí mismo tumbado sobre la
cama. Dos mujeres de pelo largo gateaban despacio sobre las sábanas, una a cada
lado. La rubia acercaba sus labios a mi ombligo, erizando la piel de mi vientre
con el roce de su melena, mientras la morena me sonreía dulce pero lascivamente
y pasaba su blanca mano por la parte interior de mis muslos, recorriéndolos
alternativamente, hasta tocar mis huevos, hinchados, peludos, endurecidos,
entonces colocaba los dedos por debajo y los levantaba, como sopesándolos,
apartaba su pelo con un movimiento de cabeza y los lamía gustosamente, a veces
humedeciéndolos con su lengua entera, a veces trazando formas caprichosas con la
punta.


Mi cuerpo notaba el estremecimiento que provocaba la tibia
saliva y el aliento caliente, notaba, incluso, una agradable vibración, la que
producía su ronroneo, de gusto. Mientras, la rubia había terminado de explorar
mi cuerpo, deteniéndose especialmente en los pezones, que adquirieron una
rugosidad femenina. Creo que hizo algún comentario guarro, al que yo correspondí
con una ahogada carcajada. Había ventilado el espacio entre la barbilla y la
frente con un solo lengüetazo y entonces acorraló mis costillas con sus piernas.
Colocó decididamente su coño sobre mi vientre y se inclinó, dominante, decidida,
provocativa, colocando sus enormes tetas a medio centímetro de mi cara.


Aquellas tetas me hablaban, su redondez, su suavidad, su
poderío… parecían suplicarme ayuda: "tócanos, chúpanos, juega con nosotras,
inventa movimientos, haz que temblemos, apriétanos, exprime nuestra blandura,
quiérenos, háblanos, somos tus mamás, te cuidaremos, te daremos placer y calor".
Todo mi cuerpo era corriente eléctrica.


La respiración me resultaba dificultosa, mi campo visual sólo
alcanzaba a distinguir los poros de piel blanquecina de sus senos, que se movían
pendularmente por todo mi rostro, arrastrando la carne voluptuosa sobre mis
mejillas y deteniendo una y otra vez sus pezones en mi ávida boca que olía,
besaba, lamía, succionaba, mordisqueaba y volvía a besar aquellas rosadas y
elásticas prominencias, como un niño hambriento, a veces con dulzura, otras con
pasión, en ocasiones con inteligencia, en una orgía de olores, de sabores y
sonidos. Porque la rubia gemía y suspiraba y suplicaba casi dolorosamente: "sí,
sí mi amor, cómetelas, cómetelas todas, chupa, así.. me gusta, me gusta mucho",
alargando las vocales y tomando aliento de golpe entre cada palabra. Mi lengua
recibía el sabor ácido de mi propia saliva impregnada en sus pezones, mi olfato
se excitaba con el perfume rancio de la habitación, los restos de jabón y su
propia piel, mis ojos deambulaban inquietos entre sus tetas (que tan cercanas,
me parecían aún más grandes y poderosas) y su cara. La veía moverse
descontroladamente.


Me clavaba la mirada como diciéndome: "cabrón, me estás
poniendo cachonda de verdad, así no se juega a esto" y súbitamente subía la
mirada hacia el techo, estirando vertiginosamente el cuello, como queriendo
descoyuntarse, y emitía un largo quejido de éxtasis. Mis tímpanos percibían
aquellos placenteros lamentos y mi ronca expresión de satisfacción. Entonces me
crecía, me implicaba más. Sentía pasionalmente la respuesta de aquella mujer a
mis embates, me complacía en pensar que la estaba haciendo disfrutar de verdad,
que estaba notando esa dimensión que hay más allá del placer sensitivo y que se
dejaba llevar por ella y eso me hacía ser más poderoso, más seguro. Pero todo
transcurría en un torbellino irracional y yo pensaba: "no puede ser, es una puta
y está disimulando, es su trabajo, excitarme, lo habrá hecho tantas veces…"
Entonces tenía un momento de desánimo y ella empuñaba mi muñeca izquierda con
firmeza y apretaba mi mano sobre su culo y el fuego revivía, porque
inconscientemente yo sabía que algo de auténtico había en su actuación.


Ayudada por el empuje de mis manos, ella restregaba los
húmedos labios de su coño por todo mi abdomen, dejando un penetrante rastro de
flujo, como marcando territorio. Mis sentidos se estaban descarnando y mi
cerebro no podía atender a tanto estímulo: iba de las tetas en mi boca al coño
en mi abdomen, de mis manos en sus nalgas a mis manos en sus tetas, de sus dedos
en mis pezones, a la boca de la morena, que andaba trabajándome ya la base de la
polla. Con los pechos de la rubia acosándome, no podía verla, pero cuando esta
se erguía, yo aprovechaba para mirar por el costado de su cuerpo y ver a la otra
trabajando mi pene torcido, que tanto me acomplejó y me acompleja. "Tienes buena
polla", había dicho la morena antes de empezar, cuando terminé de empalmarme con
el agua caliente del bidé, la suavidad del gel espumoso y sus manos jugueteando
con ella.


Pero yo no le di importancia al comentario, total, era una
puta y no le interesaba reírse de mí, del cliente. Pero ahora la veía y la
sentía cara a cara con mi torcidilla. Parecía estar a lo suyo, recorriendo el
cuerpo del pene de arriba abajo mientras acariciaba mis testículos con suavidad.
Tenía los ojos cerrados, pero a veces los entreabría y me dedicaba una sonriente
mirada. Se metía la polla en la boca y la presionaba con los labios. Yo sentía
cómo la punta tocaba ligeramente el cielo del paladar (y yo también tocaba el
cielo, pero no del paladar) para quedar después en el hueco cálido y cerrado de
su boca. Entonces, sin sacarla, hacía girar su lengua alrededor de mi capullo, o
subía y bajaba la puntita por mi frenillo durante unos segundos eternos.


Luego se salía y la miraba como preguntándose qué hacer ahora
con ella. Me la meneaba con mucha inteligencia, sin llegar a dañarme y se
golpeaba con ella en la lengua. Luego, sin soltarla, acercaba sus tetas y
empezaba a trazar dibujos abstractos sobre ellas, repasando obsesivamente los
círculos concéntricos de sus pezones, resbalando por la superficie humedecida
que el semen y la saliva iban formando. Luego, como leyéndome el pensamiento, me
colocó de tal manera que mi polla quedó entre sus tetazas y comenzó a
masturbarme. En ese momento cerré los ojos de puro éxtasis y sentí un profundo
agradecimiento. Tal vez por eso, le pedí a la rubia con un empujón de manos, que
levantara un poco el culo y me entendió. Quedó, entonces, el orificio de su culo
y su coño abierto al alcance de mis dedos. La morena miraba alternativamente mi
polla entre sus tetas y mis dedos en el coño de la rubia. Intuí su intención y
le ofrecí esos mismos dedos resbaladizos para que los sorbiera con placer, ella
aprovechaba hasta la última gota y luego pasaba la lengua por sus labios
mientras yo repasaba con mis dedos los de la rubia, ya totalmente mojados.


Exploraba las paredes cartilaginosas con distintos
movimientos, estimulando suavemente primero y presionando un poco después, hasta
que introducía el corazón (el dedo, claro) y lo hacía girar en pugna con su
vagina absorbente. Luego buscaba el crecido clítoris y lo masturbaba por sus
alrededores, sintiendo los espasmos de su vientre, el temblequeo de sus brazos y
el jadeo de su aliento. Me miraba indefensa, rendida, casi asustada, pero yo ya
no me complacía en mi vanidad. Entendí lo que quería y le devolví un gesto de
asentimiento. Dejó su posición, salió de la cama y se acomodó en un pequeño
sillón, excitada, expectante, empujando las tetas hacia su boca y lamiéndose los
pezones, tocándose el coño completamente abierto, como una granada. Quedé "a
solas" con la morena que me miró pícaramente y me dijo "ahora eres mío sólo".


Mientras me incorporaba, analicé a las dos mujeres. Me daba
la impresión de que eran bastante opuestas. La rubia era muy receptiva, más
frágil, mas espontánea, más insegura, pero al mismo tiempo muy entregada y
honesta. La morena me pareció más inteligente y segura, mas racional, entera y
profesional, pero también más solitaria e introvertida.


En todo caso, ambas tenían un buen fondo, muy femenino y
maternal. Y ya estaba yo sentado en el borde de la cama porque allí me había
colocado la morena. Frente a mí, la otra se entretenía jugando con su juguete,
como esperando algo. La morena se puso detrás de mí, de rodillas y echó mano a
mis hombros, masajeándolos con extraña pericia, lo cual me vino de miedo, pues
rebajó tanta excitación. Luego pegó sus tetas a mi espalda y me aplicó un masaje
delicioso. Noté la suavidad de la piel y la rugosidad de sus pezones erectos,
sazonado todo con un lúbrico aceite que se había aplicado en los pechos.


Así permanecimos un rato, la rubia masajeándose, la morena
masajeándome y todos con los ojos cerrados. Súbitamente sentí que una mano me
agarraba la mía y la encaminaba a mi entrepierna. Estaba extrañamente relajado y
excitado al mismo tiempo y empecé a masturbarme como la rubia, mientras a mis
espaldas seguían acariciando. Cuando ya no sentí el masaje, cerré los ojos y no
pensé en nada. Lo único que sentí fue una mano que apartaba la mía de la polla,
que la agarraba desde su base y la metía lentamente en su coño, alargando la
sensación de calor interior y placer de mi rabo a punto de estallar. Entre el
rubor y el mareo, noté cómo las paredes vaginales presionaban mi prepucio que se
deslizaba por aquellos interiores de miel, protegido y seguro.


Cada movimiento iba incrementando el ritmo y la electricidad
de mi cuerpo, sentía sus muslos ardientes rebotar contra los míos, separarse
mientras su coño se contoneaba con mi polla dentro y volver a caer de golpe.
Fijaba mi atención en sus nalgas, en el trémulo movimiento que producían al
posarse bruscamente sobre mis piernas, en la raja abierta, que recorrí con mi
dedo mojado hasta encontrar el orificio anal, donde empecé a activar un
movimiento giratorio y presionante, sintiendo como se abría cada vez más. Mi
otra mono apretaba y acariciaba sus pechos, a veces despacio, a veces sacudiendo
su pezón o tirando suavemente de él, mi lengua recorría su espalda y luego me
asomaba para ver a la rubia, jadeante, ansiosa, como conteniéndose. La sangre y
el semen bombeaban cada vez con más rapidez y yo sé que ella lo sentía, así que
se retiró, se volvió, nos besamos, beso mi polla y se volvió a la cama.


La rubia y yo quedamos frente a frente y entendí el juego. Me
acerqué hacia ella, le tendí las dos manos y la ayudé a levantarse. Entonces nos
abrazamos y nos besamos apasionadamente y nos acariciamos y yo volví a sentir
sus tetas generosas y su corazón ardiente.


El último acto daba comienzo. Tumbada sobre la cama me
ofreció su coño abierto, palpitante. Sentí que me ofrecía su secreto, su ser, su
alma. La morena le acariciaba el pelo y le mordía los pezones. Yo separé sus
muslos y me apresté a una experiencia ansiada. Bebía de su flujo igual que antes
de sus tetas, buscaba el interior casi con desesperación, como buscando su alma,
como buscando la paz y adoraba su sexo, lo idolatraba, le hablaba y le mimaba y
le contaba mis secretos, mis miedos con las mujeres, mi apocamiento, mis
tristezas, mis debilidades… y el me escuchaba generoso y comprensivo, me
enseñaba cosas sabias, me sonreía tiernamente y me decía que no tenía que
preocuparme por nada, que él estaría siempre conmigo y que yo sería feliz. Y así
fue que me embargó una desconocida sensación de paz y seguridad.


Me incorporé y descubrí a las dos mujeres mirándome
tiernamente. Entonces supe lo que tenía que hacer: penetré a la rubia, o me
penetró ella, no sé. Lo único que recuerdo es que allí no existía nadie más que
mi polla y yo. Sacudía enérgicamente mi pelvis, haciendo chocar mis huevos
contra su culo, tensando la cara, apretando fuertemente sus muslos, mirando a la
rubia casi descompuesta y a la morena retándome con la mirada, cada vez más,
vamos, córrete, córrete. Y saqué la polla casi al mismo tiempo que las dos
tocaron con la punta de la lengua mi capullo y el semen se desparramó generosa y
largamente por sus bocas, por sus caras, por su pelo…


En esto pensaba yo cuando la madame me sugirió la posibilidad
de un dúplex. Pero yo iba a lo que iba: un polvo y punto. Así que me pedí a
Carolina, una negra de tetas grandes (esto debe ser una obsesión mía) bastante
guapa. Puede imaginarse que la realidad no tiene nada que ver con la fantasía:
se desnuda, me desnudo, me lava mis partes en el bidé mientras le toco una teta
colgante y bastante lacia, hago huummm y ella hum, me seco, me tumbo, me pasa
las tetas por el cuerpo y por la polla, yo ya estoy empalmado, no habla, me pone
el condón, me da dos lametones, se la mete, la agarro de las nalgas, se mueve,
hum, hum, me lleva las manos a las tetas, se acelera, me corro, me visto y me
voy.


Sin embargo, aquél día, frente a aquella puerta, volví a
sentir esa angustia de la casas de putas. Pero en esta ocasión, ella no lo era.
Simplemente había leído mi último relato y me había mandado un mail, asegurando
que le había encantado y que quería conocerme. Tal vez ella hubiera pensado que
si era capaz de escribir aquello, que no sería capaz de hacer. Por eso anduve
pensándome si ir o no ir. Porque se iba a encontrar con un tipo casado, de 39
tacos, más bien bajo aunque delgado, con gafas, con la polla torcida y con una
vida francamente anodina, qué desilusión. Pero yo no podía dejar pasar la
oportunidad de follar con una tía sin pagar, además de mi mujer. Por eso fui,
sin convicción y por eso pensé, frente a la puerta: no va a pasar nada, ni
siquiera abrirá la puerta… ¿o sí?


 



Relato: Mujeres putas... ¡putos hombres!
Leida: 2283 veces
Tiempo de lectura: 9 minuto/s





Documento sin título
Participa en la web
Envia tu relato
Foro porno
Contacto
 
Categorias
- Amor filial
- Autosatisfacción
- Bisexuales
- Confesiones
- Control Mental
- Dominación
- Entrevistas / Info
- Erotismo y Amor
- Fantasías Eróticas
- Fetichismo
- Gays
- Grandes Relatos
- Grandes Series
- Hetero: General
- Hetero: Infidelidad
- Hetero: Primera vez
- Intercambios
- Interracial
- Lésbicos
- MicroRelatos
- No Consentido
- Orgías
- Parodias
- Poesía Erótica
- Sadomaso
- Sexo Anal
- Sexo con maduras
- Sexo con maduros
- Sexo Oral
- Sexo Virtual
- Textos de risa
- Transexuales
- Trios
- Voyerismo
- Zoofilia


Encuestas

Afiliados
lesbianas
sexo anal
webcams porno
zoofilia
chat porno
Curso Doblaje
It developer
Cocinar Recetas
rus porno
gizli porno
amateur porn

LAS MEJORES WEBS DE SEXO

sexo gay webcams porno   zoofilia chat porno zoofilia anuncios de sexo mamadas porno
 negras porno gratis exnovias follando famosas desnudas famosas follando fotos caseras 
fotos de pollas fotos porno relatos porno gordas follando hentai porno zoofilia gratis 
juegos porno lesbianas follando linea erotica lucia lapiedra mujeres meando 
relatos porno orgias  parejas follando peliculas porno gratis sexo anal porno gratis webcam porno
 
porno gratis porno gratis relatos de incesto relatos porno sexo gratis sexo embarazadas 
sexo con caballos sexo gay sexo gratis sexo webcam porno chat de sexo peliculas porno sms
webcams webcam sms lesbianas follando sexo trios porno gratis transexuales transexuales
 webcam travestis travestis webcams travestis maduras follando webcams porno 
webcams sms travestis follando zoofilia television porno